Presencia exclusiva

Hoy vengo a escribir básicamente porque amé mi tarde, más exactamente la distribución de mi tiempo entre mis “niños”. Se dio de forma espontánea -no planeada- pero me gustó como me organicé y la vivencia me da para reflexionar y compartir varias ideas.

En primer lugar, desde la objetividad de madre que tiene también un perrito al que ama con el corazón, quiero hablar de ese tema de los “niños” y de la idea de que un hijo y un perro no son los mismo vs. la idea de que un perro es como un hijo. Escribo esto pensando o teniendo de referente a un primo que es medio radical en el asunto y si bien yo no me la paso hablando de los “niños” para referirme a Salomé y a Tobby, cuando me permito expresarme de esta manera o cualquier otra similar en redes él llega y pone “me divierte” o “me entristece” en Facebook. Me parece importante aclarar y defender mi postura para luego sí entrar de lleno y cerrar desarrollando la idea que encierra el título y que conecta con la vivencia que tuve hoy; además a veces me da la impresión de que en este punto nadie me entiende y/o nadie ve las cosas como yo y para mí es importante pues a ratos es un tema que se vuelve sensible (ya más adelante explico bien por qué).

¿Por qué decir que un hijo y un perro no son lo mismo o darle cabida a la idea de que tal vez sí se parecen? Si el argumento en contra de compararlos o igualarlos surge desde la postura de ser humano = ser vivo con dignidad superior a la de un animal, me parece un punto bastante chocante y absurdo. Somos seres con capacidad de raciocinio y conciencia, pero es justamente desde esa conciencia desde donde debemos ser respetuosos y compasivos con los animales. Quizá la “superioridad” desde el punto de vista biológico existe, pero no somos más para imponernos sobre ellos o dominarlos a la mala y/o mediante la “fuerza bruta”. Lo mismo podría decirse de los hijos quitando lo de fuerza bruta pero pues en ese caso el argumento cambiaría y se volvería “adulto que sabe de la vida” vs. “niño que apenas está aprendiendo a vivir” y ojo, porque aún así eso no le quita su dignidad ni su derecho a ser respetado por cualquier persona que lo rodee sea adulto o no (es decir, tampoco tenemos derecho a tratar mal a los niños y debemos siempre estar abiertos a la posibilidad de escucharlos en lugar de simplemente imponernos).

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre la niña que parí, que traje al mundo desde mis entrañas y el perrito que lleva casi ya 8 años a mi lado, 2 de ellos junto a Salomé? Bueno sí, mi hija significa mucho más porque pues es de mi sangre, porque tengo una labor con ella mucho más grande y duradera en el tiempo, su vida confiando en Dios durará mucho más que el tiempo que tendrá Tobbycito a nuestro lado y como hija y ser humano son muchas más las cosas que demanda de mí en comparación con mi perrito. PEEEEEEROOOOO Tobby también singifica demasiado, quizá no pueda ponerlo al mismo nivel de Salomé pero está bien cerquita, digamos detrasito ahí por nada. Este es el punto esencial para mí: yo quiero mucho a mi perrito y me siento comprometida emocional y afectivamente con él; en ese sentido, si bien él es un sol -en serio, súper juicioso y muy noble, creo que a su manera me ha sabido entender-, a veces me cuestiono sobre si le he fallado como su humana al no poder estar tan pendiente de él como antes o simplemente no compartir igual, por ejemplo ya casi no salimos en bici y así, cosas que eran muy nuestras. Este es el punto sensible para mí que mencioné más arriba… no sé si alguien puede entender o ver mi posición y más que nada cómo me siento frente al hecho de que quiero mucho a mi perrito pero me da embarrada no poderle responder igual ahora que soy madre y que aún así y todo me esfuerzo lo que más puedo por ser firme con él, por estar ahí para él. Necesito conocer a más mamás con corazón dividido entre sus hijos y sus compañeros peludos que estaban desde antes que llegaran los hijos (busco grupo de apoyo, jaja! ok, no).

Sí, un hijo te cambia la vida, pero yo quisiera no dejar de ser quien siempre he sido o fui con mi perrito. Por eso hago lo posible por ponerle atención a los 2 y por eso soy la única que se le mide a sacarlos al tiempo al parque, siento que ambos me necesitan y en la medida de mis posibilidades esa es mi manera de responderles. Es complejo, sí, y por supuesto mis atenciones terminan más volcadas hacia Salomé que me pone los pelos de punta con su miqueadera en el parque (mientras ella está trepada en la estructura yo estoy abajo pegadita y pendiente, algunas veces corriendo por debajo para alcanzar hacia el lugar que ella se movió… en general confío en ella pero también por ratos me asusto… y por fuera, me da la impresión, pareciera que fuera la mamá más relajada de la vida porque algunas veces a mi alrededor he visto o sentido adultos o padres que se asustan más y/o más rápido que yo frente a los movimientos de Salomé, o quizá yo solo me esfuerzo por mostrarme calmada para ella). Tobbycito pues… gracias a Dios es un sol = la mata del juicio y muy pegado a mí. También trato de estar pendiente de él y tenerlo bajo la mira, él por lo general está ahí al lado o cerquita a menos que vea alguna perra que le guste, igual ps no se aleja mucho y/o la perra en cuestión tampoco corre demasiado lejos -obvio antes de llegar al parque (la estructura) o a los columpios con Salomé me aseguro de que él ya haya hecho popó y recogerle-.

Entonces, volviendo al tema de hijos vs. perros, a mi modo de ver, si bien un perro no es un hijo, muchas veces así se siente. Se siente así cuando te sientes responsable de él, cuando asumes sus gastos y sus cuidados, cuando ves a un peludo hermoso de 4 patas que, sin importar la edad que tenga, desde el punto de vista mental jamás va a madurar (no tiene capacidad de raciocinio) y en ese sentido su ser se vuelve equiparable al de un niño pequeño… como Salomé, por ejemplo, ps para la edad que tiene ella en este momento, eso es lo que en inglés llaman “toddler”, que es como la etapa en la que ella está. Y pues… en ese sentido es genial sentir que tengo 2 niños (me fascina sacarles fotos juntos) o hablar de ellos a veces así porque si bien desde el punto realista solo Salomé es mi hija, ambos son seres vivos en edad infantil y yo veo por ambos. Por ejemplo, un par de veces el año pasado nos cogió la lluvia al llegar al apartamento; el parqueadero es cubierto pero no el camino del parqueadero a la torre, entonces le dije a Miguel algo como: “llevemos a los niños alzados para que no se mojen, tú con Salo y yo con Tobby y ps nos vamos pegaditos y tu llevas la sombrilla”. Y así, a mi modo de ver hay veces en donde es válido verlos como los “niños”.

Ahora sí, para terminar con la vivencia de hoy y desarrollar la idea del título: si bien amo salir con Salomé y con Tobby al parque y lo hago lo mejor que puedo tratando de estar pendiente de los dos, me siento digamos como “alcanzada” o “justica” desde el punto de vista emocional y/o de atención/concentración/sentidos (mantenerlos en ambos, jeje). Eso me hace pensar que con un segundo hijo me eloquecería jaja, pero bueno, dejémoslo ahí que ese tema no va acá. El título surge porque me dio por robarme o tomar prestada una idea de Yvonne Laborda que explica perfectamente lo que se dio hoy con mis “niños”. Yvonne es una española madre de 3 adolescentes que se ha dedicado a promover todo el tema de la crianza consciente y entre las cosas que habla y explica desde su experiencia habla de esto de la presencia exclusiva. La idea es que sin importar cuántos hijos tengas busques tener espacios en los que solo sean él o ella y tú, es decir momentos solo de los/las dos sin papá (el también tendrá sus momentos de exclusividad) para conectar, para compartir, para alimentar y/o fortalecer el vínculo. Y hoy sin querer queriendo lo apliqué con Salomé y Tobby. Hoy se me ocurrió llevar a Salomé no al parque de siempre (el que queda al lado del conjunto que es bien grande y digamos es el de los perros -muchos salen ahí- y si bien hay columpios y una estructura para que los niños jueguen, podría decirse que son para niños más grandecitos y es por eso que con Salomé ahí vivo de mini-susto en mini-susto) sino a otro parque que también es cerca y que realmente está diseñado para niños pequeños; decidí no llevar a Tobby porque este parque está encerrado (tiene cerca y puertica y ps no es tan grande) y eso implica que también tengo que meter a Tobby adentro y no es tan chévere porque ps ahí no hay pasto. Entonces antes de salir le hablé y le dije algo como “gordo hoy me voy a dividir, voy con Salomé primero y luego vengo la acuesto, descanso un ratico y ahí sí salgo contigo, ¿va?” -Miguel se me burló por hablarle así al perrito-.

Y así estuve más o menos una hora con Salomé en este parque y fue genial verla porque aunque sea un parque pequeño es perfecto para ella y sus habilidades motrices… verla miquear y saber que está a salvo -sin riesgos- y que se siente segura de sí misma, de su cuerpo… no sé, es muy bonito. Atención plena y conexión con mi bebé… gozar del momento juntas, dejarla ser y explorar. Me pareció súper. Al volver tardó un poquito en dormirse pero finalmente cayó. Descansé una media horita y salí con Tobby, también una hora. Me dio por llevarle la pelota aunque él no es experto en ir por ella y traerla, pero funcionó perfecto porque resulté jugando con una perra que le gustó a él entonces la que iba y traía la pelota era ella y Tobby corría detrás, jaja! y pues súper! también él se cansó y estuvo feliz. Es obvio que él no demanda tanto como Salomé pero se gozó su salida al parque y yo también estuve ahí para él y pendiente de él. Me encantaría que todas mis tardes fueran así porque siento que fue un manejo perfecto del tiempo, una distribución excelente. No sé si pueda implementarlo con éxito o si deba ser un poquito laxa (no siempre se puede hacerlo igual a hoy y seguramente tendré que seguirlos sacando al tiempo por ratos) pero está bueno eso de tener momentos para darle presencia exclusiva a cada uno. Hace rato tengo la idea de darme una vuelta en bici con Tobbycito, ponerlo a correr por todo el Juan Amarillo hasta Titán, quizá luego caerle a mi mamá … trataré de hacerlo el mes que viene porque creo que tengo que invertir un poquito en mi bici… temas de mantenimiento y ajuste de cositas además de comprarme un nuevo casco y, por otro lado, se acerca el cumple de Salomé. En fin, eso era lo que quería compartir hoy y aquí termino. Si llegaste hasta acá, gracias por leerme.

El gordo feliz y cansado

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