Para no olvidar…

Hoy escribo para no olvidar lo que vivimos ayer. No fue nada del otro mundo (por eso podría olvidarlo) pero fue bonito. Mi hija ya tiene 2 años y 7 meses. En el tema de la crianza bilingüe vamos, creo yo, más o menos bien, quiero decir, los frutos sí se ven, ella puede armar frases cortas en inglés y me entiende todo pero inevitablemente el español predomina, tiende a expresarse más en esta lengua, le es mucho más espontánea, mientras que con el inglés me toca ser mucho más intencional. Igual hoy no voy a escribir sobre eso pero era importante hacer este pequeño contexto porque a la final mi experiencia de crianza bilingüe con Salo es lo que en gran parte define la esencia de este blog y el porqué.

Ahora sí, entrando en materia: hace ya varias semanas que Miguel regresó al trabajo presencial pero solo 2 días a la semana. Yo, tras una nutrida y amplia experiencia con el tema de la repostería, -haciendo no solo los ponqués de cumpleaños en las fechas especiales para mis seres queridos sino también innovando un poco más con cupcakes (bueno… sin la cobertura) y un exquisito pan de banano que repetí como 3 veces porque de verdad me encantó-, comencé a tenerme confianza en la cocina más allá de ese mundo dulce y aprendí a bandearme con Salomé sola durante el día. Es decir, no solo hacerme cargo de ella, cuidarla y demás que pues es como lo básico, sino también hacer almuerzo e incluso ser un poco rápida o no tan lenta como antes… lograr que me rinda el tiempo porque pues… la verdad no es que nos quedemos todo el día en la casa sino que salimos a diferentes actividades por acá cerca y, lo mejor de todo, nos movilizamos en bici.

Ayer, sin embargo, fue distinto, ayer me dejé ganar deliberadamente por la locha: no hicimos mayor cosa y opté por almorzar afuera. Pero también, dentro de esa locha deliberada decidí que por la tarde iríamos a Eucaristía. Pasa que el componente de la fe en Dios dentro de la crianza de mi hija para mí es un aspecto muy importante, sin embargo en eso sí tal vez no he sido tan intencional. Por Salo quiero aprender más y mejor sobre mi fe (religión católica) y vivenciarla para así mismo poder transmitírsela. Descubrir que los niños tienen un gran potencial religioso desde muy chiquitos para mí fue como “wow!!! tengo que alimentar e incentivar su fe”… y ahí vamos. Tiene muy claro quién es Jesús (“Yisus”) y lo reconoce en sus diferentes “versiones” es decir imágenes reales o dibujos que lo representan, creo que eso es algo innato en ella, y también ya más o menos está aprendiendo sobre God -eso sí se lo he tratado de enseñar yo-. También ahora anda diciendo, “we need to pray” cuando ve algo alusivo a Jesús como la cruz en la TV o un librito de oraciones que hace rato le compró Miguel. También nos gusta, aunque hemos perdido un poco la costumbre, orar y agradecer por nuestros alimentos cuando nos sentamos a la mesa y es algo que ella a veces pide. Pero.. el tema de ir a misa digamos que era una asignatura pendiente porque pues… sí, la verdad casi no tenemos el hábito de ir o ps practicamente nunca vamos independientemente del contexto pandemia y es ahí donde digo que como familia nos hace falta vivir más nuestra fe… la primera y única vez de Salomé en Eucaristía fue el año pasado cuando conmemoramos 2 años de fallecido de mi papá, pero ahí mi chiquita solo tenía un año y nueve meses y lo único que hizo fue correr a sus anchas por la parroquia todo el tiempo incluso medio gritando de felicidad y conmigo detrás. Ahora la cosa cambia/cambió y digamos que me dio como “afán” de que entendiera un poco el caracter sagrado de la Eucaristía y el tema del respeto y estas cosas porque la habían escogido como pajecita para el matrimonio de un cuñado y pues… me preocupaba el factor quietud que ps era bastante probable que fuera algo difícil de lograr dada la edad de la niña y por eso quería llevarla a misa para que se fuera familiarizando un poco con el rito. Esto fue hace un par de semanas, me entró el afán de hacer esto unos días antes del matrimonio y si bien terminamos en misa en la parroquia donde reposan los restos de mi papá, en el proceso de mirar a qué iglesia íbamos tuve un acercamiento con la Parroquia que nos corresponde por el sector donde vivimos y quedé con ganas de ir a conocer porque pues… la verdad nunca habíamos ido en el tiempo que llevamos de casados y viviendo aquí, además el párroco tiene una presencia activa en redes y pinta muy interesante.

Entonces pues… ayer por la tarde fuimos a misa a la parroquia de acá cerca. En las últimas semanas Salo ha asistido a 3 Eucaristías: la de calentamiento previo días antes del matrimonio, la del matrimonio como tal y la de ayer. Aunque pues el matrimonio en últimas no cuenta y podría decirse que el intento de preparación fue en vano porque terminó quedándose dormida y no llegó a ser pajecita… se despertó al momento de la comunión. Igual pues… sí voy logrando que poco a poco entienda el caracter sagrado de la Eucaristía. Yo no espero que se quede quieta como una estatua ni que no hable, pero hago lo que puedo por tratar de ayudarle a entender… para ser honesta hemos tenido nuestros momentos en que ella se desespera y termina en llanto/berrido y yo termino tapándole la boquita por reducir un poquito el volumen de su desborde emocional mientras le digo en el oído que en la casa de Dios guardamos respeto y silencio y ponemos atención al padre… lo del “silence” es algo que ya más o menos se le quedó aunque obvio le cueste cumplirlo a cabalidad. De todas formas le doy libertad de movimiento en la medida de las posibilidades… por ejemplo ayer, me dijo varias veces “I want to watch the man” y la dejé… se refería al músico que amenizaba la misa con su guitarra y su voz (mi hija tiene una gran inclinación hacia la música), el problema era que intentó sentarse justo como en la tarima donde estaba la silla del Padre para desde ahí ver al músico y ahí sí NO la dejé… de hecho, cuando hice la fila para comulgar y dejé que Salo se quedara viendo al músico me di cuenta de que cada que se pasaba por ese lado del altar quedaba grabado en la transmisión en vivo de la Eucaristía por Facebook… (ups!)

Una idea que he tenido en mente y al final se me olvida es la de presentarle a mi hija el templo o la parroquia en general, sea esta o cualquier otra. Por ejemplo ayer recién entramos se fijó en las figuras religiosas que habían en la parte de atrás… y me hubiera gustado acercarla y que las contempláramos juntas, decirle quiénes eran, etc… lo mismo el altar, que lo podamos recorrer cuando no haya misa, contarle allí qué se celebra, etc., pero bueno, esta vez se me pasó. De esta parroquia en particular me llamó la atención que el altar como tal, la mesa donde el padre oficia la misa es una mesa cuadrada casi en la mitad de la parroquia o al menos al alcance de todos… me pregunto sí esa disposición fue idea del párraco o cómo fue y por qué… es como si quisiera acercarse más a los fieles y al rito que allí se celebra.

Y bueno, eso a grosso modo dentro del tema religioso. Por otro lado está el antes y el después de haber ido a misa. Resulta que esta parroquia está al lado de o más bien dentro, en la esquina de un parque… llegamos con tiempo en el carro y llevé a Tobby porque pues… le hacía falta su salidita, entonces antes de la misa tuvimos un ratico de parque, Tobby hizo lo suyo y Salo resultó metiéndose a una clase de baloncesto. Niños grandes (como de 10 años para arriba) en entrenamiento y con sus balones… Salo por ahí cogió uno, intentaba lazar al aro, también medio hizo los ejercicios de calentamiento que proponía el profesor, etc. Este primer momento fue medio flash porque pues llegamos con tiempo pero tampoco de sobra entonces no nos demoramos mucho. Luego, después de la misa, ahí sí me relajé y dejé que estuviera más tiempo ahí en la cancha, lo único era que ahí ya estaban como en modo partido y podía ser un poquito peligroso entonces ps estuvo jugando con un balón y tratando de rebotarlo pero fuera de la cancha conmigo ahí pendiente de ella. Luego fueron ejercicios de estiramiento y también ahí medio copió algunos, de hecho fue muy bonito porque el profe le habló como si en serio fuera parte de la clase como “a ver, Salomé, tal cosa” jejeje y en general quedaron matados. Tuvo sus ratos en que se intentaba sentar en el balón y me pareció tan lindo… estaba que le sacaba la foto pero ps obvio no aguantaba tanto ahí sentada y al final ni saqué el celu, solo disfruté del momento con mis 5 sentidos y espero que la vivencia no se me olvide. Creo que volveré… me gusta la idea de adquirir el hábito de ir a misa los miércoles con Salo y de paso, sea a modo de juego o quizá eventualmente a modo de clase real, que la niña se pegue su bañito de baloncesto…

Presencia exclusiva

Hoy vengo a escribir básicamente porque amé mi tarde, más exactamente la distribución de mi tiempo entre mis “niños”. Se dio de forma espontánea -no planeada- pero me gustó como me organicé y la vivencia me da para reflexionar y compartir varias ideas.

En primer lugar, desde la objetividad de madre que tiene también un perrito al que ama con el corazón, quiero hablar de ese tema de los “niños” y de la idea de que un hijo y un perro no son los mismo vs. la idea de que un perro es como un hijo. Escribo esto pensando o teniendo de referente a un primo que es medio radical en el asunto y si bien yo no me la paso hablando de los “niños” para referirme a Salomé y a Tobby, cuando me permito expresarme de esta manera o cualquier otra similar en redes él llega y pone “me divierte” o “me entristece” en Facebook. Me parece importante aclarar y defender mi postura para luego sí entrar de lleno y cerrar desarrollando la idea que encierra el título y que conecta con la vivencia que tuve hoy; además a veces me da la impresión de que en este punto nadie me entiende y/o nadie ve las cosas como yo y para mí es importante pues a ratos es un tema que se vuelve sensible (ya más adelante explico bien por qué).

¿Por qué decir que un hijo y un perro no son lo mismo o darle cabida a la idea de que tal vez sí se parecen? Si el argumento en contra de compararlos o igualarlos surge desde la postura de ser humano = ser vivo con dignidad superior a la de un animal, me parece un punto bastante chocante y absurdo. Somos seres con capacidad de raciocinio y conciencia, pero es justamente desde esa conciencia desde donde debemos ser respetuosos y compasivos con los animales. Quizá la “superioridad” desde el punto de vista biológico existe, pero no somos más para imponernos sobre ellos o dominarlos a la mala y/o mediante la “fuerza bruta”. Lo mismo podría decirse de los hijos quitando lo de fuerza bruta pero pues en ese caso el argumento cambiaría y se volvería “adulto que sabe de la vida” vs. “niño que apenas está aprendiendo a vivir” y ojo, porque aún así eso no le quita su dignidad ni su derecho a ser respetado por cualquier persona que lo rodee sea adulto o no (es decir, tampoco tenemos derecho a tratar mal a los niños y debemos siempre estar abiertos a la posibilidad de escucharlos en lugar de simplemente imponernos).

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre la niña que parí, que traje al mundo desde mis entrañas y el perrito que lleva casi ya 8 años a mi lado, 2 de ellos junto a Salomé? Bueno sí, mi hija significa mucho más porque pues es de mi sangre, porque tengo una labor con ella mucho más grande y duradera en el tiempo, su vida confiando en Dios durará mucho más que el tiempo que tendrá Tobbycito a nuestro lado y como hija y ser humano son muchas más las cosas que demanda de mí en comparación con mi perrito. PEEEEEEROOOOO Tobby también singifica demasiado, quizá no pueda ponerlo al mismo nivel de Salomé pero está bien cerquita, digamos detrasito ahí por nada. Este es el punto esencial para mí: yo quiero mucho a mi perrito y me siento comprometida emocional y afectivamente con él; en ese sentido, si bien él es un sol -en serio, súper juicioso y muy noble, creo que a su manera me ha sabido entender-, a veces me cuestiono sobre si le he fallado como su humana al no poder estar tan pendiente de él como antes o simplemente no compartir igual, por ejemplo ya casi no salimos en bici y así, cosas que eran muy nuestras. Este es el punto sensible para mí que mencioné más arriba… no sé si alguien puede entender o ver mi posición y más que nada cómo me siento frente al hecho de que quiero mucho a mi perrito pero me da embarrada no poderle responder igual ahora que soy madre y que aún así y todo me esfuerzo lo que más puedo por ser firme con él, por estar ahí para él. Necesito conocer a más mamás con corazón dividido entre sus hijos y sus compañeros peludos que estaban desde antes que llegaran los hijos (busco grupo de apoyo, jaja! ok, no).

Sí, un hijo te cambia la vida, pero yo quisiera no dejar de ser quien siempre he sido o fui con mi perrito. Por eso hago lo posible por ponerle atención a los 2 y por eso soy la única que se le mide a sacarlos al tiempo al parque, siento que ambos me necesitan y en la medida de mis posibilidades esa es mi manera de responderles. Es complejo, sí, y por supuesto mis atenciones terminan más volcadas hacia Salomé que me pone los pelos de punta con su miqueadera en el parque (mientras ella está trepada en la estructura yo estoy abajo pegadita y pendiente, algunas veces corriendo por debajo para alcanzar hacia el lugar que ella se movió… en general confío en ella pero también por ratos me asusto… y por fuera, me da la impresión, pareciera que fuera la mamá más relajada de la vida porque algunas veces a mi alrededor he visto o sentido adultos o padres que se asustan más y/o más rápido que yo frente a los movimientos de Salomé, o quizá yo solo me esfuerzo por mostrarme calmada para ella). Tobbycito pues… gracias a Dios es un sol = la mata del juicio y muy pegado a mí. También trato de estar pendiente de él y tenerlo bajo la mira, él por lo general está ahí al lado o cerquita a menos que vea alguna perra que le guste, igual ps no se aleja mucho y/o la perra en cuestión tampoco corre demasiado lejos -obvio antes de llegar al parque (la estructura) o a los columpios con Salomé me aseguro de que él ya haya hecho popó y recogerle-.

Entonces, volviendo al tema de hijos vs. perros, a mi modo de ver, si bien un perro no es un hijo, muchas veces así se siente. Se siente así cuando te sientes responsable de él, cuando asumes sus gastos y sus cuidados, cuando ves a un peludo hermoso de 4 patas que, sin importar la edad que tenga, desde el punto de vista mental jamás va a madurar (no tiene capacidad de raciocinio) y en ese sentido su ser se vuelve equiparable al de un niño pequeño… como Salomé, por ejemplo, ps para la edad que tiene ella en este momento, eso es lo que en inglés llaman “toddler”, que es como la etapa en la que ella está. Y pues… en ese sentido es genial sentir que tengo 2 niños (me fascina sacarles fotos juntos) o hablar de ellos a veces así porque si bien desde el punto realista solo Salomé es mi hija, ambos son seres vivos en edad infantil y yo veo por ambos. Por ejemplo, un par de veces el año pasado nos cogió la lluvia al llegar al apartamento; el parqueadero es cubierto pero no el camino del parqueadero a la torre, entonces le dije a Miguel algo como: “llevemos a los niños alzados para que no se mojen, tú con Salo y yo con Tobby y ps nos vamos pegaditos y tu llevas la sombrilla”. Y así, a mi modo de ver hay veces en donde es válido verlos como los “niños”.

Ahora sí, para terminar con la vivencia de hoy y desarrollar la idea del título: si bien amo salir con Salomé y con Tobby al parque y lo hago lo mejor que puedo tratando de estar pendiente de los dos, me siento digamos como “alcanzada” o “justica” desde el punto de vista emocional y/o de atención/concentración/sentidos (mantenerlos en ambos, jeje). Eso me hace pensar que con un segundo hijo me eloquecería jaja, pero bueno, dejémoslo ahí que ese tema no va acá. El título surge porque me dio por robarme o tomar prestada una idea de Yvonne Laborda que explica perfectamente lo que se dio hoy con mis “niños”. Yvonne es una española madre de 3 adolescentes que se ha dedicado a promover todo el tema de la crianza consciente y entre las cosas que habla y explica desde su experiencia habla de esto de la presencia exclusiva. La idea es que sin importar cuántos hijos tengas busques tener espacios en los que solo sean él o ella y tú, es decir momentos solo de los/las dos sin papá (el también tendrá sus momentos de exclusividad) para conectar, para compartir, para alimentar y/o fortalecer el vínculo. Y hoy sin querer queriendo lo apliqué con Salomé y Tobby. Hoy se me ocurrió llevar a Salomé no al parque de siempre (el que queda al lado del conjunto que es bien grande y digamos es el de los perros -muchos salen ahí- y si bien hay columpios y una estructura para que los niños jueguen, podría decirse que son para niños más grandecitos y es por eso que con Salomé ahí vivo de mini-susto en mini-susto) sino a otro parque que también es cerca y que realmente está diseñado para niños pequeños; decidí no llevar a Tobby porque este parque está encerrado (tiene cerca y puertica y ps no es tan grande) y eso implica que también tengo que meter a Tobby adentro y no es tan chévere porque ps ahí no hay pasto. Entonces antes de salir le hablé y le dije algo como “gordo hoy me voy a dividir, voy con Salomé primero y luego vengo la acuesto, descanso un ratico y ahí sí salgo contigo, ¿va?” -Miguel se me burló por hablarle así al perrito-.

Y así estuve más o menos una hora con Salomé en este parque y fue genial verla porque aunque sea un parque pequeño es perfecto para ella y sus habilidades motrices… verla miquear y saber que está a salvo -sin riesgos- y que se siente segura de sí misma, de su cuerpo… no sé, es muy bonito. Atención plena y conexión con mi bebé… gozar del momento juntas, dejarla ser y explorar. Me pareció súper. Al volver tardó un poquito en dormirse pero finalmente cayó. Descansé una media horita y salí con Tobby, también una hora. Me dio por llevarle la pelota aunque él no es experto en ir por ella y traerla, pero funcionó perfecto porque resulté jugando con una perra que le gustó a él entonces la que iba y traía la pelota era ella y Tobby corría detrás, jaja! y pues súper! también él se cansó y estuvo feliz. Es obvio que él no demanda tanto como Salomé pero se gozó su salida al parque y yo también estuve ahí para él y pendiente de él. Me encantaría que todas mis tardes fueran así porque siento que fue un manejo perfecto del tiempo, una distribución excelente. No sé si pueda implementarlo con éxito o si deba ser un poquito laxa (no siempre se puede hacerlo igual a hoy y seguramente tendré que seguirlos sacando al tiempo por ratos) pero está bueno eso de tener momentos para darle presencia exclusiva a cada uno. Hace rato tengo la idea de darme una vuelta en bici con Tobbycito, ponerlo a correr por todo el Juan Amarillo hasta Titán, quizá luego caerle a mi mamá … trataré de hacerlo el mes que viene porque creo que tengo que invertir un poquito en mi bici… temas de mantenimiento y ajuste de cositas además de comprarme un nuevo casco y, por otro lado, se acerca el cumple de Salomé. En fin, eso era lo que quería compartir hoy y aquí termino. Si llegaste hasta acá, gracias por leerme.

El gordo feliz y cansado

Un extenso y reflexivo escrito

[Escrito en varias partes o impulsos]

Sept. 13/2020: Parte 1  

En estos últimos días he estado súper pensativa/reflexiva. Miguel todavía no me ha cogido englobada porque en medio de todo NO estoy tan abstraída… quiero decir sigo aquí presente, pendientes de nuestras cosas y de nuestra vida, de nuestra hija, pero… cuando estoy haciendo cosas sola, sin tener a mi esposo junto a mí, repaso ideas recurrentes y a veces llegan otras nuevas… todas sobre las vivencias del pasado y del presente… siento que descubrí un nuevo hilo conductor y es sumamente revelador… cada vez se van sumando piezas nuevas que recuerdo del pasado y que de cierta manera van armando el rompecabezas.

Ando muy feliz leyendo varios libros de parenting en simultánea. Esa palabra es un “problema” al pensarla en español porque es un término que abarca la vivencia de ser padres y todo lo que implica, es decir son textos para papás y mamás, entonces la traducción no puede ser ni maternidad, que se refiere sólo a la mamá ni paternidad que se refiere solo al papá… tan así es el asunto que el segundo libro de Shefar Tsebari, El despertar de la familia, lleva como subtítulo de portada en su versión en español el anglisismo parenting sin ningún problema, un spanglish quizá medio maluco para ojos estrictos del lenguaje –como los míos- pero al mismo tiempo comprensible.

La idea central y clave de todo el asunto es que ser padres es un camino de aprendizaje en el sentido de que puede de cierta manera confrontarte y obligarte a mirar hacia adentro. Tus miedos, tus carencias, tus falencias, tus necesidades no satisfechas, etc., varios autores plantean que nuestras heridas de infancia, cuando no han sido trabajadas ni sanadas, son el lugar, por lo general inconsciente, desde el que actuamos, o más bien reaccionamos, a la hora de ser padres y educar a nuestros hijos. El tema de la herida, especialmente porque la idea digamos común y casi convertida en verdad absoluta es que son heridas primarias y/o “achacables” a los progenitores es algo en lo que discrepo (no necesariamente el pato es de ellos, al menos no en su totalidad). Pienso que puede ser un punto de partida y quizá para muchos será verdad, pero desde mi experiencia personal considero que el asunto va mucho más allá de eso: Que todos tenemos heridas, sí. Que quizá la mayoría de personas posean cierto malestar emocional y diversos rollos internos sobre los que debería trabajar también es una gran verdad (algunos hemos hecho la tarea, otros no), pero lo ideal sería que ese trabajo de mirar hacia adentro y trabajar en uno mismo para sanar y restaurar lo hiciéramos mucho antes de ser padres para que esos desajustes emocionales no afecten ni se reflejen en la relación con nuestros hijos.

Para muchos, convertirse en padres y empezar a interactuar con esa criatura resulta ser el factor detonante que te confronta y te lleva a emprender ese camino de introspección y sanación, ideal por supuesto hacerlo lo más temprano que se pueda para que no sea mucho el “daño” que podamos causarle a nuestros hijos con posibles reacciones desmedidas o desacertadas (obvio no esporádicas sino constantes) y a nuestra relación, es decir que sea más arduo el trabajo en uno mismo que en el proceso de restauración de nuestros pequeños, por eso cuanto antes mejor.

En mi caso pues… gracias a Dios pude hacer ese proceso de trabajo interno y sanación mucho antes de convertirme en madre y lejos de hacerlo motivada por eso. Lo chévere de hacer esas cosas es que la conciencia se te amplía un montón… y, más allá del proceso de sanación propio, uno queda con ganas de más y de seguir aprendiendo, de la vida, de las personas, del comprender a los demás y a uno mismo… diría que es un proceso de transformación que no tiene fin. Y bueno, ahora me llegó el momento de absorber la sabiduría desde el rol de madre. Mis lecturas en este momento son:

• Unconditional parenting – Alfie Kohn (PDF)
• Padres conscientes – Shefali Tsebari (PDF)
• Kids are worth it – Barbara Coloroso (Epub)
• A life at work – Thomas Moore (libro en físico)

A veces pienso que no quiero que la maternidad me absorba totalmente, que me gustaría poder tener espacio en mi vida para otras cositas… u otras lecturas no relacionadas con la labor de ser madre. Creo que temo perderme yo como persona y mujer al entregarme completamente a mi rol de mamá, más aun teniendo en cuenta mis planes de hacer educación en casa. Pero por ahora es solo un “mini” temor hacia el futuro. En este momento soy feliz con el rol y la vida que llevo.

Igual, aun así considero que también es sano tener el elemento diferenciador en mi material de lectura y justo eso es el último libro de la lista, la verdad no recordaba que lo tenía y buscando cuál de los varios libros en físico que tengo pendientes por leer escogía para arrancar una nueva lectura, sentí que este me llamaba y “jalaba” con gran fuerza. Thomas Moore es… no sé como decirlo, llevo poco de leerlo pero es como un referente en su campo, entre psicología, terapia y religión… le tengo ganas a un libro suyo que se llama Care of the soul, guardado entre mis listas de Amazon, pero no tenía idea de que ya había comprado un libro suyo con anterioridad, lo tenía decorando la repisa de nuestro cuarto. Lo bueno es que ahí guardo los libros importantes, leídos o por leer, en todo caso significativos, y bueno, por fin lo abordé.

Sept. 21/2020: Parte 2  

De cierta manera el libro de Thomas Moore me alborotó la pensadera, pero no así como en ese plan de carcomerse los sesos u obsesionarse pensando sino más bien me colocó en un punto como trascendente y quizá de auto-distanciamiento de mi propia historia de vida con un alto sentido reflexivo. De vez en cuando los recuerdos y las ideas vienen y en cierta forma todo conecta, a veces me llegan haciendo cosas, otras veces, vienen estimulados por las cosas que leo entre las lecturas previamente mencionadas. En todo caso decidí abordar este libro de Moore porque pues… siempre he sentido que mi lado “flaco”, mi punto quizá de vergüenza o frustración, o por lo menos no muy exitoso que digamos ha sido justamente el tema laboral y, creo que la frase que aparece como subtítulo de portada de cierta manera respondía a las inquietudes que a veces me asaltan frente a esta especie de lado flaco: “The joy of discovering what you were born to do”. Quizá internamente me dije a mí misma algo como “bueno, ya es hora de abordar este asunto”, realmente no lo pensé así pero fue lo que me motivó a animarme a leerlo.

Para empezar, la idea de que el llamado puede ser más de uno me resultó sumamente reveladora, pero además ese término “the calling” o “el llamado” para mí significa mucho porque… desde una perspectiva espiritual y de fe, siento/creo que hace rato tengo claro qué es lo que Dios quiere de mí pero que no he sabido responderle. La idea quedó someramente esbozada como resultado del proceso psicoterapéutico con Ricardo y es una frase que interioricé y me quedó grabada casi a modo de retahíla: “capacidad, gusto y deseo de ser apoyo para otros” y, de la mano de eso, vino la posibilidad visualizada (el concurso y haber quedado como finalista o algo así) y luego esfumada (el no apoyo económico de mi papá) de hacer el Master en Counselling con el Instituto Galene en España y en general ese sentirme inclinada hacia la consejería… pero tenía el impedimento de no saber cómo capacitarme ni en dónde actuar/servir/ejercer. Recuerdo también mi viejo sueño de imaginarme viajando por el mundo ayudando a los demás en ese plan de escucharlos y ayudarlos a sanar o sentirse mejor y que al dejarlos digamos contentos y/o satisfechos pudiera poner el nombre de Colombia en alto. Algo así era ese sueño de hace marras cuando estaba en el cole, era como un asomo pueril de mi llamado, mezclado con un sentido de patriotismo exacerbado y quizá desmedido o desbordado en ese entonces.

Ahora soy madre y estoy muy feliz con mi vida, me siento plena e infinitamente agradecida con Dios por tantas bendiciones que me ha dado con todo y que, creo yo, medio me he hecho la loca con su llamado. Justo por eso, en un intento de por fin medio acercarme a responderle y agradecerle por tanto, me llegó la posibilidad de tomar el seminario y luego diplomado en Consejería Bíblica con Esperanza para el Corazón Colombia, antecitos de que se disparara lo de la pandemia, de hecho al diplomado le quedó un finde pendiente y terminó siendo por zoom un par de meses después.

No solo el llamado puede ser más de uno sino que también puede cambiar con el tiempo. Y las historias de tu vida te pueden ayudar a encontrar esos puntos comunes que de cierta manera revelan qué viniste a hacer al mundo. Ahí empezaron las ideas a aflorar aunque la verdad el punto de “brote” o inicio por así decirlo lo encontré en otro libro que también figura en mi lista de lecturas en este momento aunque no lo mencioné porque es un libro pequeño y corto, digamos a modo de cartilla, y es el primero de 5 que hacen parte de la colección Dios y El niño, inspirados en la Catequesis de El Buen Pastor y alineados con los principios de María Montessori, de hecho este primer libro dedica su mayor parte a explicar algunas de sus ideas y llegué a una parte en la que dice lo siguiente:

El trabajo del niño es diferente al del adulto. Por un lado, el trabajo del adulto tiene el principal objetivo de mejorar el ambiente y, muchas veces, está relacionado con adquirir más, esto quiere decir conseguir más o tener más poder sobre otros. Los adultos por lo general trabajan también para satisfacer necesidades externas y trabajar duro bajo las leyes del mínimo esfuerzo: menos energía, más producción en el menor tiempo posible para obtener su salario. Además el adulto trabaja de forma fragmentada pues no participa en eso con todo su ser.

Por otro lado, el niño trabaja para construirse a sí mismo sin esperar recompensa. Está interesado en el proceso de trabajar y esta labor le da alegría, contentamiento y satisfacción interna. Mientras que trabaja el niño gasta una gran cantidad de energía pero no se siente cansado, por el contrario, luego de trabajar intensamente parece energizado, con sus energías aumentadas. Practica la ley del máximo esfuerzo poniendo toda su energía a trabajar y desarrollando cada trabajo con un todo. Esto significa que emplea todo su ser en el trabajo que ha logrado sin separar mente-cuerpo-corazón.

Cada acción hecha por el niño es un trabajo, un trabajo de auto-construcción.

Ahí me golpeó la revelación… como “ey! ¡Qué mal que eso nos pase!” Claro, es necesario generar un ingreso y recibir un pago por nuestro trabajo para poder subsistir. Pero, ¿por qué no trabajar con ese mismo goce con que lo hacen los niños y con todo nuestro ser involucrado en la actividad que estamos desarrollando?” ¿No habría forma de evitar ese proceso contraproducente de ‘adultificación’? Hay tantas cosas buenas y bonitas de la infancia que deberían prosperar y mantenerse en la vida adulta”…

…¿Y si de pronto no fuera necesario un pago? Es que… ahora que lo pienso he tenido la fortuna de tener siempre mi economía amparada y/o respaldada por mis padres y eso me ha permitido realizar varias actividades sin pago pero gozándomela. Me entrego como lo hacen los niños y me gusta mucho las cosas que hago y la experiencia que vivo sin importar que no haya recibido un pago… no tengo cómo respaldar esas vivencias y hacerlas valer en mi hoja de vida, no tengo cómo darles peso pero fui feliz y de una u otra manera me han servido.

Y empecé a ver mi vida hacia atrás. Para empezar, una de las cosas que más recuerdo con nitidez fue mi primera vez apoyando a Bibi inaugurando el CLAN de Bosa, y la frase que usó para presentarme luego de decir que yo era su prima, Bibi dijo que yo estaba ahí “por amor al arte” puede pensarse que eso suena a frase bonita para decir “no le pagamos” o simplemente ver que es muy valioso el decidir estar ahí sin compromiso de dinero y dándola toda para contribuir, entregarte, colaborar. Me acuerdo de varias cosas, especialmente el tema de la llegada de Petro, el alcalde de ese momento, el ayudar a John Bernal ahí con temas de comunicaciones, su amabilidad… sentir que de cierto modo me cogía como su pupila, el darle seguridad a los niños que habían sido escogidos para entrevistar a Petro, el haberles sacado una foto súper chévere en pleno proceso y buscar la manera de hacer que esa foto le llegara rápido a los encargados de mover redes sociales… correr por aquí y por allá, haciendo esto o aquello pero re metida en el cuento y feliz. Creo que siempre he sido una persona de iniciativa y en ese escenario me fluía…

También apoyé a Ricardo en varias labores con Dasein así a modo de voluntaria y fue genial como espacio de aprendizaje (cuando había eventos -cursos- y asistía al gratín) y también como la oportunidad de foguearme un poquito con mis cositas de diseño que ps distarán mucho de ser profesionales pero es otra de las cosas en las que más o menos sé medio moverme y me gozo. Aunque yo no diseño así como vainas sacadas de mi cabeza, no hago trazos y digamos no creo nada de cero, busco la manera de hacer piezas y cosas entre Photoshop e Illustrator (vectores gratuitos) y me encanta. También amo desenvolverme con Premier y, en ese sentido, por ejemplo, haber ido más allá de las cosas que sabía para hacer una invitación tierna y animada en video al Baby shower de Salomé a partir de una invitación similar que me mostraron fue como “wow!!! Con todo el amor del mundo!, quedó bonito y me superé”.

Fui también voluntaria de Debra Colombia pero… debo reconocer que ahí sí no hubo click real y abandoné rápido. Simplemente fue una oportunidad que surgió a través de una amiga de mi mamá… y así he tenido varias oportunidades de trabajar al gratín y como que todo conecta con el marco de encuadre que me está dando el libro de Thomas Moore. Paola Manjarrés, una amiga del cole con quien realmente vine a hacer amistad muchos años después de graduadas no solo del cole sino también de la U, un día me dio la mano para revisar mi hoja de vida y en general asesorarme pues ella justamente se ha especializado como en esa área de talento humano. Ella me decía que el tema de voluntariado es muy importante y, si bien tiene razón, es curioso como en ese entonces yo desconocí/negué mi experiencia básicamente porque de forma real y oficial no está certificada… pero ahora veo que sí que la tengo y aunque no pese ni sea visible o evidenciable, sí que vale para mí, para quien soy, para mi historia de vida y pues en general como dicen por ahí “nadie me quita lo bailado”. Y ahora, para completar y seguir en esa misma línea que simplemente se ha ido dando de forma espontánea y realmente no me quejo porque de una u otra manera son experiencias que me llenan, ando de apoyo número 1 (y único, jaja) de Miguel con sus cosas de teletrabajo y en general me gusta, pero especialmente me encanta cuando resultan ser cosas de diseño o de escritura, lo primero es una cosa que no domino del todo pero me engorila, (me entretiene resto y hago todo lo que puedo por sacarla adelante, como dice esa parte que cité del libro, se la boto toda y aun así quedo con energía) lo segundo sí es algo que simplemente me fluye y este extenso texto da fe de eso… y así la vida desde el presente y también hacia el pasado me sigue mostrando cosas.

Shefali Tsebari con su libro Padres Conscientes me ha mandado varias veces hacia el pasado, para recorrerlo con una nueva mirada o al menos una más consciente. El primer recuerdo que vino a mí fue cuando en noveno encontré por fin cuál era mi lugar en mi curso, después de llevar varios años luchando y sufriendo con mi problema de rechazo: sentí que ayudando a otros con los temas que yo sabía y dominaba, pasándoles quizá las copias en las recuperaciones, era por fin aceptada y valorada, jamás sentí o pensé que de esta manera estuviera comprando amigos pero me sentí cómoda y feliz, estaba tejiendo vínculos y relaciones. Por eso me sentí como tan… traicionada por la vida cuando hicieron ese revolcón y nos mezclaron lo más de feo al pasar a décimo (revolvieron los cursos). Mi castillo de naipes se derrumbó y luego entró Frank, pero bueno. Aquí paro por ahora, para continuar con la 3ra parte de este escrito otro día, idealmente pronto.

Oct. 6/2020: Parte 3

Frank reemplazó a Moncho en el cargo como coordinador de pastoral del cole y en mi vida como persona en la cual busqué apoyo y desahogo. Hoy en día debo reconocer que aunque a Moncho lo quiero muchísimo y ps nuestro vínculo se ha mantenido con el paso del tiempo, Frank de cierta manera supo orientar mucho más y mejor mi atribulada alma, por así decirlo. Recuerdo más de él, de sus palabras, de su guía así el vínculo afectivo quizá no haya sido tan fuerte ps digamos ya después del cole y así cada cual con su vida (ahora volvimos a conectar porque andamos de medio vecinos y tenemos la bici como punto en común). Siempre le estaré agradecida… me abrió los ojos, me sacó de esa postura de víctima, escucharlo era recibir una invitación a la reflexión e introspección…

El caso es que varias ideas y reflexiones surgieron sobre estas vivencias a la luz de mis lecturas, pero tengo que revisarlas y volver a ver para pasar aquí algunos de los comentarios que dejé.

Shefali Tsebari. Padres conscientes.

Eso es un pedazo del libro de Shefali Tsebari, PadresConscientes. No hice ningún comentario sobre la lectura (el pdf en sí mismo) pero sí lo compartí con su respectivo comentario por las historias de Instagram. Básicamente esa era yo en postura de víctima como mencioné antes frente a mi problema de rechazo en el cole.

 Oct. 12/2020: Parte 4

Para terminar, quiero cerrar con un tema que conecta y guarda relación con ese pedacito del libro de la colección Dios y el niño que cité atrás, más exactamente la segunda parte. Acá va de nuevo:

Por otro lado, el niño trabaja para construirse a sí mismo sin esperar recompensa. Está interesado en el proceso de trabajar y esta labor le da alegría, contentamiento y satisfacción interna. Mientras que trabaja el niño gasta una gran cantidad de energía pero no se siente cansado, por el contrario, luego de trabajar intensamente parece energizado, con sus energías aumentadas. Practica la ley del máximo esfuerzo poniendo toda su energía a trabajar y desarrollando cada trabajo con un todo. Esto significa que emplea todo su ser en el trabajo que ha logrado sin separar mente-cuerpo-corazón.

Esto define y abarca totalmente lo que fue para mí el cumple de Miguel… me entregué en alma, vida y corazón. No le di ningún regalito pero porque de verdad toda mi energía y todo mi ser estaban concentrados en operación ponqué y almuercito. En lo primero ya tengo alguito de experiencia pero igual es un proceso demorado (temas de horneado y decoración… buscar ideas novedosas que lo hicieran más especial), en lo segundo pues…no me la paso cocinando pero de vez en cuando puedo hacerlo, me gusta seguir recetas de internet y en lo posible lucirme o fajarme pero no por sacar pecho o elevar mi ego sino como por decirme a mí misma “carajo! yo sí puedo” jejeje… y en este caso simplemente por manifestarle a mi esposo el infinito amor que le tengo. Mente, cuerpo y corazón estuvieron en todo lo que hice. Concentrada al máximo y con toda la actitud. Terminé agotada pero porque tuve un pequeño descuadre de sueño la noche anterior que al final del día me dejó re zombie aunque contenta y sintiéndome plena jeje. Feliz de hacerlo feliz, complacida de haber logrado un rato agradable en familia y un bonito compartir. Recuerdo que antes yo decía que me gustaba mucho “botarla toda por mis seres queridos”… era como una especie de pasión desenfrenada o quizá entre “reprimida” y “desorientada” (mucha pasión pero no saber qué hacer con ella, Colombia te amo!!!)… hoy siento que eso fue lo que logré hacer para el cumple de mi amado esposo, canalizar mi energía en su totalidad.

La aventura de hornear…

Por fin me llegó la hora de lanzarme al ruedo y tengo mucho para escribir al respecto. Debo reconocer que por mis condiciones de vida (el tener ciertas comodidades en el hogar que me dieron mis padres como por ejemplo una persona encargada de los que haceres de la casa y preparar los alimentos), para mí cocinar nunca fue una necesidad. Simplemente nunca se me ocurrió meterme a la cocina… alguna vez como parte de ese enseñarme y/o darme responsabilidades mi mamá me enseñó a hacer arroz y a cocinar -sancochar- las presas de pollo pero pues pare de contar e igual poner en práctica ese conocimiento fue algo más bien ocasional.

Ahora, como mujer casada y madre, miro para atrás y no me queda muy claro en qué momento inició mi adultez… cuando uno es estudiante universitario, ¿qué viene siendo? es decir, en esos 5 años de carrera luego de graduarse del colegio… ¿adolescente, adulto o cómo es? igual lo que sí es claro es que la adultez se siente o va muy de la mano con la independencia y las responsabilidades… quizá muchos jóvenes universitarios asumen la adultez si estudiar una carrera les implica emigrar de sus ciudades y por consiguiente salir de la casa de sus padres. La adultez, en mi caso, realmente la sentí como mujer casada en completa capacidad de apoyar en los temas médicos de mi papito y estar ahí por y para él hasta que se nos fue, cosa que no fue posible la primera vez, cuando le detectaron el cáncer e inicialmente mis hermanas y mi mamá prefirieron ocultarme la situación. Pero bueno, me fui por las ramas… como quiera que sea, tal vez hacia los últimos años de mi carrera (creo, o quizá ya después de la universidad), me empecé a engorilar con los programas de cocina, inicialmente de TLC, luego los pasaron para Home & Health. Mis favoritos: Cupcake Wars y Cake Boss. Amaba la creatividad que mostraban en ambos programas, el tema de decorar bonito y alusivo a un tema esos pequeños pastelitos para luego, al llegar a la final, montar una exhibición temática que iba para un evento específico (transmitirle el concepto a los carpinteros) junto con mil cupcakes siempre fue para mí como… ¡wow!!!! y si la creatividad en esos mini pastelitos era tremenda, ni qué decir del señor Buddy Valastro con esos ponqués que se mandaba… era y sigue siendo impresionante (a Cupcake Wars le perdí la pista, lo pasaron para Food Network y ese canal no está dentro del plan que tenemos en Claro). Buddy fue mi inspiración para empezar a apostarle a los ponqués creativos y personalizados para mis seres queridos en sus cumpleaños… obvio, pues mandarlos a hacer = pagar, jeje… si no me equivoco fueron dos para Miguel y dos para mi mamá. Con mi papá… no sé, diría que no me nacía o que era muy difícil descifrarlo para plasmar en un ponqué algo que lo representara y le llegara al corazón.

El año pasado conocí a mi amiga Sarah, de quien ya he escrito antes por aquí y pues resultó que ella ama la repostería y es una dura. Cuando veía esos programas de cocina si el tema de cocinar salía en una conversación yo decía algo como: “yo la verdad no sé, pero me gusta y tengo disposición, por ahora miro los toros desde la barrera y me encanta ver programas de cocina en TLC/Home & Health”. Y ps conocer a Sarah y saber que le encantaba hornear para mí fue como… “¡oh sí, aquí me llegó mi oportunidad de aprender!” Y así, a su lado y guiada por ella un día hicimos rollos de canela, otro día galletas y además se me ocurrió que por fin había llegado la hora de dejar de apostarle a los ponqués personalizados pagando y hacerle a Miguel su ponqué de cumple bajo la asesoría de Sarah (el mérito y el amor estaba en hacerlo, en lugar de apostarle a la creatividad). Ella la verdad tiene la mejor disponsición de enseñar y es genial porque te deja hacer todo para que aprendas… solo que pues… retenerlo en la cabeza realmente es difìcil jeje y honestamente, por ahora, no puedo hacer rollos de canela ni galletas de chips de chocolate por mi cuenta, aunque de las galletas por ahí recuerdo que me mandó la receta y eventualmente podría intentarlo. En cuanto al ponqué de Miguel, la verdad tuvimos una pequeñas fallas en la ejecución (no salió como debía del horno) pero nos dimos mañas de salvarlo y llevarle una especie de ponqué no convencional -en refractaria- pero rico. De todas maneras espero seguir cocinando muchas veces al lado de Sarah y eventualmente tener el conocimiento suficiente para en serio ser alguien que la ayuda (cocinar juntas, tal vez incluso proponer) y no alguien que poquito a poco va aprendiendo y por ahora se limita a seguir instrucciones.

No sé, ahora que siento que por fin tengo alguito de cancha y experiencia, que me he curtido o por lo menos ganado la confianza suficiente para seguir haciendo cositas, todo a raíz del cumple de Salo, un recuerdo que siempre he guardado en no sé bien qué parte de mi corazón/mente pero como con tinta indeleble vuelve a surgir: tendría yo como unos 10 años más o menos y resultamos visitando a una amiga de mi abuelita, mi mamá también fue. Esa señora, la amiga, ese día se hizo delante mío un ponqué de chocolate… sólo recuerdo el aroma exquisito y la metida del ponqué al horno, de esos blancos antiguos… me mostró cómo lo iba haciendo, fue algo muy emocionante, no sé qué tanto me habrá involucrado en la experiencia pero me marcó y hasta ahora lo noto, ella estaba feliz de mostrarme y con mucha disposición. Recuerdo también un poco como el pasillo de la entrada de la casa y el momento de la despedida con ella desde la puerta mientras nosotras nos alejábamos caminando. Quizá ahí, sin saberlo, sin ser consciente, quedé picada por este bichito. ¡Qué lástima que ni mi mamá ni mi abuelita se acuerden de eso! Me encantaría que ellas me pudieran ayudar a completar de una forma más precisa (la memoria de un adulto, no la de un niño que crece y olvida muchas cosas) ese recuerdo.

Ahora sí, entrando en materia, resulta que ps… yo contaba con que Sarah me ayudara a hacer el ponqué para el primer cumple de Salo. Pero resultó que mientras nosotros iniciábamos nuestro viaje de vacaciones a la costa por tierra, a Sarah se le presentó una emergencia familiar y tuvo que viajar junto con sus hijos y esposo a Estados Unidos, estuvieron prácticamente un mes y yo me quedé sin mi plan A para el ponqué de Salo. Entonces el plan B se volvió yo solita ponerle el pecho. Y me animé a hacerlo. Creo que dentro de mis “rarezas” (“quirky things”) está el amar seguir recetas en inglés… no sé, yo no desprecio mi idioma ni mucho menos pero por alguna razón, una especie de conexión extraña y bilingüe, entre mente y corazón, me fascina buscar recetas en mi segundo idioma, me parece un deleite de ejercicio mental… el paso a paso de las recetas por lo general es súper fácil, pero el tema de los ingredientes, de las medidas y de ciertos términos que no son de uso habitual y que debo esforzarme por entender y tener claros la verdad es algo que me encanta, siento que eso me desafía y me emociona más. Incluso, por ejemplo, me pasó una anécdota curiosa pero creo que por la continuidad del relato, voy a dejarla para más adelante.

Y bueno, finalmente me quedé con esta receta de base y otra por ahí en teoría para el tema de la cobertura. Muy juiciosa me fui a conseguir todo lo que necesitaba: el molde (the pan), la manga pastelera (???), la boquilla (???), el colorante (the coloring), el queso crema (the cream cheese), polvo para hornear (baking powder) y bicarbonato de sodio (baking soda). A la receta decidí quitarle varias cosas, algunas por complicarme menos (creí que por ser para Salo podía obviarlas u omitirlas sin problema, por ejemplo nuez moscada, canela y extracto de vainilla), otras como el azúcar o la leche que reemplacé por agua, simplemente no las metí ps por las restricciones que tiene la dieta de mi bebé en este momento (la norma hoy en día en teoría es nada de sal ni azúcar hasta los 2 años y bueno, la leche de vaca por lo visto puede entrar de forma moderada a partir del año, me lo dijo ayer la nutricionista). Y así logré un ponqué divino al menos en apariencia (subió -creció- todo bonito) y de sabor rico. En mi primer intento me di cuenta que las cantidades de la receta se quedaban cortas para el molde que había comprado (la mezcla dentro del molde quedó hasta la mitad) y ps como vi que quedaba tan pequeño en cuanto a la altura y que no era suficiente para la idea que tenía de lo de la sesión de fotos de smash cake, decidí repetirla doblando las cantidades. Y lo logré, aunque esta vez el molde quedó full y al crecer dentro del horno se rebozó. Pero bueno, a mi esposo le quedó la tarea de, con su pulso perfecto y destreza, cortarle la “tapita” (osea la partecida redonda de arriba) al ponqué para que quedara plano bonito y listo para ser decorado con la cobertura. Esa parte la verdad sí me quedó de pa’ arriba. No la logré o ps me equivoqué. Empecé con el fallido intento de darle a la mantequilla -sin ablandar- con la batidora y ps fueron pérdidas porque ese bloque denso se quedó trabado entre las espátulas. Luego el queso crema que aunque es genial por su consistencia no me cayó del todo bien por su sabor medio salado y tuve problemas para cubrirlo o disimularlo sin usar azúcar… mi intención era dizque cobertura de zanahoria pero ps no utilicé suficiente cantidad y además al rallarla no quedó tan chiquitica sino más bien como en tiritas delgadas pequeñas entonces la mezcla no cogió sabor y sí quedó con el amarillo del queso pero además manchitas naranjas. Después con el colorante morado pues… la pelea de tonos fue una cosa loca y eso quedó una vaina café a la final medio rica porque terminé metiéndole banano por tapar el sabor del queso, pero de apariencia muy rara y no tan chévere. Y pues necesitaba meterle cobertura sí o sí porque de eso se trataba toda la gracia del ponqué y el tema del smash cake para que Salo se untara. Entonces, para esta parte, el sábado por la mañana, un día antes del cumple de Salo, el ponqué había quedado listo la noche anterior, me iluminé y me acordé de Laura, mi amiga y vecina que ps le gusta cocinar, me acordé que tuvo su época de hacer cupcakes y pues… le escribí, afortunadamente estaba disponible y salvó la patria. Tuve que ceder a echarle azúcar al bendito queso crema, ella a diferencia de la receta que yo estaba siguiendo no le pone mantequilla, pero bueno, volvimos a empezar de ceros con la cobertura y la logramos. El sueño de los adornos en forma de rosa como esa otra receta de referencia que había visto por ahí, era como medio ambicioso para mi inexperiencia y bastante complicado para los bordes (en la parte plana sí breve, osea no se cae, igual difícil para mi bello pulso -es terrible-, la verdad Laura manejó la manga todo el tiempo), entonces terminamos haciendo simplemente como punticas o “goticas” de cobertura con la manga pastelera… y ps como dato curioso adicional la boquilla no casó en la manga que compré, jaja! menos mal Laura también tiene mangas para eso.

Y entonces así quedó el ponqué… 😍🤩

Y bueno, eso fue… y así quedó mi hijita preciosa con su ponqué:

Ok… la verdad no se untó casi pero igual lo disfrutó.

Sarah regresó a Colombia el 3 de febrero, y coincidencialmente mi abuelita también estuvo por aquí, ya mañana se devuelve para La Mesa. Para mí era muy importante que ellas dos probaran el ponqué y por eso lo repetí. Mi abuelita vio cómo lo hacía y le gustó, y a Sarah le llevé su parte. Esta vez ps ya sabía que la receta con cantidades dobladas hacía una mezcla más que suficiente para el molde entonces ps horneé 2 ponqués en 2 turnos. El primero apenas para que creciera sin salirse del molde, el segundo ps ya con lo que quedaba mucho, más pequeño en altura. De sabor estaba rico pero lo sentía un poco seco… nadie me lo dijo, igual lo noté. Un ponqué lo dejé para aquí para la casa, mi abuelita y yo ese día lo tomamos de “comida” por la noche con café, y el otro se lo llevé a Sara, eso fue como a mediados de la semana pasada…

Y, finalmente, decidí por tercera vez repetir la receta pero ahora sí con todos los ingredientes que decía y sin restricción alguna. El objetivo: hacer el ponqué para celebrar el cumple de Tavo, mi mejor amigo. Nos reunimos el domingo, el sábado por la tarde conseguí las cosas que me faltaban y me puse en la tarea. El ponqué ahora sí llevaba nuez moscada, esencia de vainilla y canela. Según me dijeron el extracto es mucho más concentrado y ps la receta decía que 4 cucharaditas (teaspoons), además de azúcar: en este momento no recuerdo la cantidad pero una cosa que me pasó fue que ps tenía ahí la receta en el tablet y voy y digo “X cantidad de azúcar granulada” y en modo automático iba a medir esa cantidad pero de azúcar pulverizada. Cuando mi abuelita me escucha porque ps estaba ahí y algo me dijo al respecto y yo como “ay! sí es azúcar granulada! no pulverizada, gracias, abuelita” no sé… es curioso ese como entender y traducir bien pero ejecutar mal!? casi me pasa si no es por mi abuelita, jeje. La que sí llevaba azúcar pulverizada era la cobertura. Que también me quedó deli… con mantequilla, ahora sí blandita para ponerle la batidora, azúcar pulverizada, queso crema y un poquito de crema de leche bajo sugerencia de Laura. Quedó deliciosa y azul, porque ps es el color favorito de Tavo y el colorante que compré. En el proceso de hacer el ponqué caí en cuenta de por qué me estaba quedando tan seco: la receta dice 1 taza de avena y ponerla en la picadora. Yo estaba sacando la taza de avena, osea esa medida, pero toda molida, osea mucho más cantidad y más las 2 tazas de harina ps… con razón! yo solita corregí la falla que yo misma vi, jeje. Y así logré el ponqué perfecto de sabor, textura y apariencia. Aunque, la verdad si bien esta vez logré hacer bien la cobertura, aplicársela al ponqué es otro cuento. Tenía claro que no me iba a enredar con la bendita manga (mi lamentable pulso de maraquero necesita entrenarse y ps aparte de eso mi manga y la boquilla no casan, no van juntas, jaja) sino que simplemente quería la cobertura planita básica normal y ps me compré la espátula para eso pero ni así… me cuesta bastante… y aunque inicialmente me había resignado a que no se viera tan bien porque ps… paila el pulso no me da pero igual lo hago con todo el amor del mundo, le mostré a mi abuelita como me había quedado y ella cogió la espátula y lo perfeccionó lo que más pudo. Por otro lado, al incluir ahora sí todos los ingredientes, me quedó masa suficiente para llenar el molde 2 veces. Así que tuve el primer ponqué no tan bonito porque en el proceso de desmoldada quedó medio mordisqueado y el segundo ponqué mucho más presentable. Sólo en ese momento aprendí y caí en cuenta de que la desmoldada se hace ya con el ponqué frío (“cool completely”), osea con este último ponqué sí me esperé. Antes lo venía haciendo en caliente me imagino que por no pensar o por ansiosa y ps igual salía bien. En esta ocasión el ponqué no subió tanto (no sacó curva ni lo tuve que cortar), al parecer me quedé corta en la cantidad de polvo para hornear pero ps igual quedó apenas (tampoco desinflado maluco) y de sabor quedó espectacular, tanto el ponqué como la cobertura.

El 1 rosado es el mismo 1 del cumple de Salo… jejeje

Y ya… la niña que no hacía nada en cuanto a cocinar, ahora hace y mucho, o por lo menos hace lo que no todo el mundo hace. Mi esposito amado sabe cocinar, no se vara y se defiende (de hambre no se muere) yo pues… cocino con poca frecuencia y mi experiencia es bastante limitada pero cuando lo hago me gusta innovar y ps por fin pasé de mirar los toros desde la barrera a lanzarme al ruedo. Soy feliz y ps estoy orgullosa pero no con ego inflado, simplemente me siento superada y claramente lo que resta del año me iré preparando ponqués para mis seres queridos en lugar de mandarlos a hacer.

FIN.

Sobre el dar y el servir

No siempre los pensamientos fluyen en palabras escritas. Parecen ser las ideas más claras del mundo en tu cabeza pero al intentar exteriorizarlas resulta no ser tan fácil. Eso es lo que me pasa ahora. De todas maneras quiero compartir lo que tengo adentro, vamos a ver cómo me sale.

Por estas épocas dicembrinas el espíritu caritativo de muchos se despierta y/o se engrandece. Navidad no es solo compartir en familia y darle regalos a nuestros seres queridos sino también acordarnos de los menos favorecidos y buscar la manera de hacerlos felices: ropa, juguetes, mercado, dinero… diferentes formas de dar y sentirse bien haciéndolo.

Hay personas que son super conscientes/comprometidas con este tipo de causas y prácticamente tienen esa voluntad de servir a otros 24/7, ellos por lo general contribuyen no solo o no necesariamente con bienes materiales o monetarios sino también con su tiempo y sus conocimientos. Tengo en Facebook, por ejemplo, a un compañero de la Universidad que tiene su propia fundación para ayudar a los niños de la Guajira, si no me equivoco, porque realmente no hablamos, ahora ese es su trabajo principal. Una amiga del cole, de quien realmente me hice amiga muchos años después de habernos graduado, enfocó su carrera profesional en la gestión del talento laboral y tiene en su hoja de vida una larga trayectoria en diferentes actividades como voluntaria. Y así, ejemplos hay muchos.

También hay personas muy ocupadas que solo aportan dinero sin involucrarse realmente con ninguna causa en específico, cumplen con dar y hasta ahí llegan. Y otros que simplemente colaboran con las causas que promueven en sus entornos laborales y/o académicos. Recuerdo por ejemplo, en mi caso, las varias veces que en el colegio nos pedían contribuir con “alimentos no perecederos” para… no sé, por ejemplo, los daminificados del terremoto de Armenia, y así, (la típica eran los alimentos enlatados empezando por el atún). La voluntad de ayudar siempre está ahí pero la capacidad de involucrarse y comprometerse no tanto. Esto es, quizá, algo que deberían inculcarnos en casa: esa voluntad y pasión por servir a otros. Yo, la verdad, no tuve eso y… quizá no esté del todo mal, digo a la larga uno aprende a ser y construirse sobre sus experiencias de vida, a valorar lo que tuvo en casa y sobre eso edificar. Nadie me dijo que no ayudara, solo no me inculcaron ese espíritu de servicio porque tal vez no era una necesidad.

El servicio social del colegio y la práctica social de la universidad, algo te “enseñan” de eso. Lo malo es que solo se trata de un ítem más entre tus requisitos de grado, de todas maneras tu buena disposición te permite saborear en cierta medida lo que es servir a los demás y comprometerte, así sea temporalmente, con una causa. Lo bueno, por otro lado, es que quizá a muchos esa pasión por servir a otros se les despertó con el servicio social del colegio y de ahí en adelante se colocaron la 10 como voluntarios en diferentes escenarios. En mi caso, he sido voluntaria de forma corta e intermitente en algunos espacios como por ejemplo en el barrio Paraíso en Ciudad Bolívar, allá JPC, Juventud Para Cristo, el grupo de jóvenes cristianos al que durante un tiempo asistí por allá en 2012-13, tiene una obra social con niños los sábados. Recuerdo mucho alguna vez que me esforcé por preparar una actividad con su mensaje de fe y esperanza para los niños, es bonito sentir cómo le metes el corazón a esas cosas, pero comprometerse de lleno, en este caso todas las mañanas de los sábados, no es tan fácil, hay jóvenes universitarios que la logran, otros que les cuesta, y si a un joven universitario le cuesta, imagínense lo que sería para una esposa, madre de una bebé de 10 meses dedicarle todas las mañanas de los sábados a esta obra… muy a mi pesar, se me dificulta mucho, en este momento de mi vida siento que los fines de semana mi familia me necesita y a ellos quiero dedicarme, y los tiempos de desplazamiento hacia esta zona me hacen muy difícil volverme una voluntaria 100% comprometida.

Pero, por otro lado, y aquí es donde viene el giro significativo, el espíritu de servicio y la conciencia de dar a otros y compartir, pueden despertarse en el momento en que te conviertes en padre/madre. Te sientes infinitamente bendecido y sientes que tu forma de agradecer a Dios por todo lo que te ha dado es retribuir. Antier volví a Paraíso. Aunque hace mucho tiempo no voy a JPC, estoy en la base de datos de correo de Fernando, el director, y ps él por ahí de vez en cuando manda correos: que el campamento (inscribirse/asistir), que los útiles escolares (para los niños de Paraíso), que la clausura (y el regalo de Navidad, “buscamos padrinos para los niños de Paraíso”). Casi siempre hasta ahora había leído y al mismo tiempo ignorado esos correos. Pero esta vez en serio quise colaborar y por primera vez me metí la mano al bolsillo para este tipo de causa social. Es bonito cuando la labor NO se limita a mandar dinero, en este caso se trata de escoger para el/la niñ@ que vas a apadrinar una muda de ropa compuesta por camisa, pantalón y zapatos (ellos te dan el nombre del niño, la edad y la talla) y un juguete. Juntar las cositas luego de haberlas comprado, envolverlas… pequeños gestos que haces con el corazón y te sientes bien. Pero mi intención no era solo mandar el regalo sino también asistir y, más importante aún, asistir como familia, entonces antier a la clausura fuimos Miguel, Salomé y yo. No muchas pero si varias personas fueron en calidad de padrinos a la clausura… no todos se involucraron y ahí para mí es donde está lo raro. Asistir para resultar sentados en una esquina como elemento de decoración y contemplativo pues… a mi modo de ver y frente a mi expectativa no es tan chévere. Miguel, por ejemplo, si bien valoró y le agradó la experiencia, no se involucró mucho que digamos en gran parte porque se hizo cargo de Salomé (bueno, ahora que lo pienso creo que interactuó y compartió con cada niñ@ que se fijaba en Salomé, alguito charlaban). Yo, por otro lado, traté de colaborar con una que otra cosita, (mi expectativa ayer era estar ahí como voluntaria) y cuando al final nos extendieron la invitación, como padrinos, a ayudar a repartir los platos de lechona y/o sentarnos con los más pequeños para acompañarlos a comer y estar pendientes de que no hicieran reguero estuve más que lista para colaborar. Me senté frente a 3 niños del grupo de 3 a 5 años y fue un compartir muy bonito, terminé con dos de ellos, niña y niño, sentados espontáneamente en mis piernas. Nuestra relación inició comiéndome sus arepas porque ninguno las quizo jaja, luego me tocó pedir un vasito de gaseosa para bajarlas. Tener en ese momento toda mi atención en estos pequeñines y al mismo tiempo valorar lo enriquecedor que fue ese ratico es donde radica todo el sentido de dar algo más que las cosas materiales, de dar tu tiempo, de ser voluntario, aunque quizá bajo los ojos de Fercho y/o el modelo de JPC, la manera como habitualmente hacen las cosas en la clausura, ese no era mi papel. Ayer en teoría éramos padrinos, no voluntarios, pero igual pude entregar parte de mí un ratico y fue muy bonito vivir eso. Fuimos como familia y aunque mi hija sea apenas una bebé me comprometo a inculcarle el espíritu de servicio y hacer que entienda la importancia de servir a los demás, de entregarse y de cooperar no solo desde lo material, sino también con su tiempo, con el corazón. Además, por su puesto buscaré la manera de enseñarle con el ejemplo, ya por ahí tengo algo en mente.

Mi abuelita y yo

Tengo muchas ganas de escribir, he pensado muchas cosas. El “lío” es que estuve más como en modo contemplativo y preferí apreciar plenamente el momento en lugar de apresurarme a plasmar mis ideas por escrito. De todas maneras, aunque quizá no fluya tanto, quiero escribir y ps voy a ver qué tal me sale.

Hoy me di cuenta de que mi abuelita y yo hacemos un equipo chévere pero “desbalanceado” en cuanto a que por lo general una de las dos hace mucho más que la otra pero ambas nos concentramos, involucramos y comprometemos por igual en cuanto a la parte emocional y la atención se refiere.

Así, por ejemplo, un día decidí por fin sacar el coche de mi bebé de la caja y darme mañas de armarlo: mi abuelita estuvo conmigo, poniéndome cuidado cómo trataba de armarlo y seguía el manual, ayudándome a pensar y dándome apoyo moral, pero la mano de obra fue toda mía y la logré. Hoy pasó algo similar aunque de forma opuesta y nos dejó a ambas muy complacidas y felices.

Resulta que andamos participando en el concurso del calendario 2020 de Winny. Son 4 semanas y en cada una hay que subir una foto diferente del bebé alusiva a una de las 12 regiones en las que dividieron el país con una frase de no más de 200 caracteres. Nuestras escogidas son: cachaca, cundiboyacense, valluna y llanera. Ya subimos las dos primeras. La del Valle no la hemos tomado todavía pero está en proceso de producción, hay que subirla esta semana que viene (del 19 al 23) y, por supuesto, me asesoré de Bibi, mi prima, nacida en Bogotá pero con un pedazo muy grande de su corazón en el Valle, más exactamente en Cali. Ella me dijo que el traje podría ser una falda de salsa y cómo coincidió que este finde es puente nos vinimos para La Mesa, donde mi abuelita, pues… en mejores manos no pudo quedar esa tarea. Esta vez fue ella con sus manitos, sus ojitos y sus dos máquinas (cosedora y fileteadora) la que realizó el total de la misión mientras yo la acompañaba, le ponía cuidado y en la medida de mis limitadas posibilidades le ayudaba, básicamente lo que hice fue enhebrar la aguja como 3 o 4 veces: la primera para iniciar y un par de ocasiones más cuándo el hilo se salía (en palabras de ella yo todavía tengo mis ojitos buenos) y como los retazos de tela y los encajes los tenía guardados en un par de cajones que quedaban abajo e implicaba agacharse ps le ayudé a sacarlos y a escoger.

El mundo de las máquinas de coser es un arte milenario del cual yo no sé nada, nadita. Un mundo que mi abuelita hasta cierto punto, -porque los años, la memoria, y la práctica ya no tan contaste pasan factura-, conoce y domina. Ella quiere mucho sus máquinas y jamás piensa venderlas, les agradece el que le hayan permitido tener un ingreso y disfruta cada que encuentra un motivo, así ahora sea de forma ocasional, para ocuparse con ellas. Hace varios meses, por ejemplo, resultó haciéndoles a Miguel y a mi mamá, tomándoles medidas y todo, unas mangas para protegerse los brazos del sol cuando manejan. De ese día recuerdo que Miguel, como yo hoy, la acompañó mientras ella trabajaba y le escuchaba sus historias e ideas sobre sus muy queridas máquinas… yo también pasé por ahí un rato, me estuve con ellos y la escuché. El escenario ideal para mí abuelita sería que alguien de su familia tuviera la curiosidad y disposición de aprender a usarlas y las heredara… jum! Ese alguien claramente no soy yo pero de pronto podría ser mi hija? Solo es una pregunta retórica o hipotética hacia el futuro pero sería muy lindo si llegase a ser realidad… que el conocimiento se transmitiera con cuatro generaciones de diferencia…wow!!!

De todas maneras de ese día me quedaron guardadas sus palabras. Cómo me gustaría ser yo la persona que pudiera responder a ese anhelo de mi abuelita. Pero la verdad no me veo en esas y siento que mi motricidad, pésima como la de mi madre, sumada a una cierta tendencia hacia la torpeza, no me da. Además es muy jodido adoptar un gusto o pasión que no siento por amor a mi abuelita. En cambio el conocimiento de ella que sí tengo todas las ganas y disposición para aprender y perpetuar aunque no se lo he dicho, es el de la cocina… tantas cosas tan ricas que sabe hacer. Pero bueno, eso por ahora es algo pendiente y no el eje central de este escrito.

Y aunque yo no aprenda nada de lo que ella sabe hacer con esas máquinas hoy por lo menos pude verla de cerca, valorar su destreza, preguntar una que otra cosa y tratar de entender. Primero que todo tuvimos que quitar el hilo negro que había en la máquina y empatar el pedacito que quedaba con uno blanco haciéndole un nudito pequeño porque o sino no pasaba por la máquina (tocó desbaratar el nudo que hice yo). Luego, para no perder/desperdiciar ese hilo negro que se estaba quitando había que enhebrarlo en una aguja y como el huequito estaba súper chiquito, usamos un enhebrador, un aparatico mágico supremamente sencillo que seguramente ya antes había visto pero no en acción. Yo atravesé el hilo por el ojalcito ese, luego mi abuelita metió la punta de esa cosita en el huequito de la aguja, jaló y abra-cadabra ni idea cómo pero el hilo resultó enhebrado y luego la aguja, con hilo y todo, clavada en una especie de pañito que tiene mi abuelita con otras agujas.

El enhebrador es el de la derecha. Lo de la izquierda es una tiza para marcar la ropa, un implemento que recuerdo desde mi infancia.

Después vino una palabra que no conocía: hilvanar. Era como enrollar hilo blanco en una especie de carrete chiquito que lleva la cosedora por la parte de abajo aunque realmente no vi dónde. Mi abuelita me dijo que así decía su mamá. Al parecer la cosedora tiene digamos dos fuentes de hilo, una es ese carrete escondido que va por debajo, otra es el hilo que viene del cono ese grande y que se enhebra en la aguja de la máquina y con ese mecanismo de sube y baja de la aguja unido al hilo de abajo que de alguna manera operan juntos se va cosiendo.

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El inicio de un proceso…

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Entonces los retazos que escogimos fueron 2: una tela a rayas de colores y otra roja medio brillante. Luego le resultamos metiendo una amarilla para la pretina y un encaje tipo trenza, también amarillo, por la mitad para disimular la costura entre la tela de colores y la roja (¡ja! ¡Soy toda una experta!). Hubo un momento en que mi abuelita necesitó el abreojales para romper una costura y mientras lo buscaba yo alcancé a decir “no lo conozco”, al momentico lo encontró o apareció y para mí fue como “ah! No sabía que así se llamaba pero sí me acuerdo haberlo visto antes”… 

Antes, muchos, muchos años antes, cuando yo era niña, como entre mis 7 y 9 años y pasaba por lo menos una semana de mis vacaciones con ella, en la época en que sus máquinas le generaban un ingreso adicional al del arriendo, en la que los clientes timbraban en su casa y recogían encargos tipo sudaderas y otros varios. Inclusive una vez yo terminé con dos pares de pantalones uno verde y otro azul de un material raro que no sé describir bien pero ps más o menos tipo plástico para ponérmelos encima de mis pantalones normales y que no me ensuciara al salir a jugar. Hace un par de años me enteré que me los hizo porque le había sobrado la tela de un encargo que le hicieron y tuve nuevamente otros pantalones verdes porque juré equivocadamente que ese material era impermeable y conté con la suerte de que todavía tenía de esa tela y le pedí unos para cuando iba en bici; luego descubrí que no eran impermeables. En esa época de hace uff!!! no fui curiosa con mi abuelita y su oficio de las máquinas pero sí recuerdo que me dejaba unos botones que no usaba y jugaba con ellos… como a los soldaditos o algo así, sobre esos baldosines de vidrio grueso que al mismo tiempo eran parte del techo de los inquilinos de abajo…

La fileteadora es otra máquina mucho más compleja que trabaja en simultánea con 3 hilos (los 3 enrollados o colocados sobre esos conos grandes de cartón) y que permite hacer acabados bonitos (esa es mi definición/interpretación de lo que vi hoy = mi abuelita en acción). Dice mi abuelita que cuando esa se desenhebra es un complique porque no tiene flechas ni indicaciones de cómo se hace y que alguna vez ella se fue y le dejó la máquina a sus hermanas, se salió el hilo y quedaron varadas porque nadie la supo hilvanar… hasta que ella regresó.

Bueno, ahora sí, para terminar procedo a describir lo más breve posible cómo fue el proceso de armarle la falda a Salomé: lo primero fue juntar los pedazos de la tela a rayas de colores a punta de cosedora y luego con esa misma cosedora  hacerle los dobleces sutiles que le permiten tener cierto vuelo. Luego le cosimos la tela roja y pasamos a la fileteadora. Después encontramos la trenza amarilla para disimular la costura y se la cosimos encima. Luego hicimos la parte de la pretina amarilla y le metimos el caucho, esta fue la parte que más le dio gallo a mi abuelita porque intentó hacerlo de una manera que no le dio resultado y tuvo que desbaratarlo y hacerlo de un modo distinto. ¡Ah! Se me olvidaba, también le pusimos un flequillo blanco en la parte de abajo y voilà! Habemus falda!

La foto para el concurso será la tarea de mañana.

Fin!

“Quiero ser bilingüe: Carta de un bebé recién nacido

Queridos mamá y papá,

¡Aquí estoy! ¡Su nuevo/a bebé! Soy demasiado tierno/a, ¿no?

Sé que están sorprendidos de ver esta carta. No esperaban que naciera con una entrega especial ¿o sí? Pero tuve mucho tiempo libre en el vientre de mamá. Es decir, estaba calientico/a y cómodo/a allá adentro y el servicio a la habitación era genial pero, siendo honestos, estaba un poco aburrido/a. Era sólo crecer y crecer día tras día. Recomiendo televisión por cable para el próximo bebé.

Tampoco había mucho que ver. No pude encontrar ninguna ventana y tuve dificultades al tratar de asomarme por el ombligo de mamá. A decir verdad, me preocupé un poquito. No sabía qué me esperaba aquí afuera y tenía miedo de que al salir justo me parara en un tanque de tiburones o algo así.

Pero tengo que decir que el mundo se ve como un lugar bastante genial. Y ustedes chicos -bueno parecen ser los suficientemente amistosos, supongo. (Aunque desearía que dejaran de hacer todas esas muecas. Esos dientes tan grandes me ponen nervioso/a).

Deben estarse preguntando por qué escribí esta carta ¿verdad? Bueno de hecho tengo un favor importante que pedirles. El problema es que todavía no puedo hablar. Puedo gritar, ya saben, pero no creo que esa sea una forma educada de pedir un favor. Probablemente ni siquiera me escucharían, simplemente meterían una tetero con leche materna o de fórmula en mi boca.

¡Me faltan muchos años para ser adolescente y ya tenemos problemas de comunicación!

Así que por eso decidí escribir esta carta.

Papás, la situación es la siguiente: quiero ser bilingüe. (Y también quiero un cachorrito pero de eso hablaremos luego).

Verán, creo que ser bilingüe es bueno para mí. He escuchado que es bueno para el cerebro, que se fortalece. Tal vez todavía no sé bien lo que es un cerebro pero me imagino que no hará daño tener uno bueno y fuerte ¿no?

Y ser bilingüe podría ser bueno también para mi futuro. Podría tener la oportunidad de hacer más amigos y conseguir un buen trabajo. Después de que hayan gastado todo su dinero en mí, yo los puedo ayudar cuando estén viejos y sean pobres.

Además, todavía no sé si ustedes hablan dos idiomas diferentes o qué, pero si lo hacen me gustaría aprenderlos ambos. Quiero decir, creo que es necesario para mí poder hablar los idiomas que ustedes manejan mejor para poder entender bien quiénes son ustedes o su cultura.

El problema es que no me puedo volver bilingüe por mí mismo. Lo haría si pudiera pero también me cambiaría a mis pañales si eso fuera posible, así no tendría que esperar a que ustedes se den cuenta. Ya saben, a nadie le gusta tener la piel irritada por un pañal sucio.

¿Qué pueden hacer para ayudarme a ser bilingüe?

Bueno, primero que todo, háblenme mucho en ambos idiomas. No agoten mis oídos, ok -también necesito descansar- pero entre más me hablen más podré hablarles yo cuando esté listo/a. (Y perdón por las pataletas salvajes que tendré cuando esté más grande. Por favor no se lo tomen personal cuando los llame “malvados” o trate de morderlos).

También léanme todos los días, cada día, año tras año. Si me leen en ambos idiomas realmente será de gran ayuda. Aprenderé mejor ambos idiomas y también aprenderé a leer con más facilidad. Y si nos acurrucamos juntos para leer, creceré con amor por los libros. (Sólo no dejen caer uno de esos pesados libros de cartón en mi cabeza, ¿ok? eso no me gustaría).

Al mismo tiempo hagan todo lo que puedan para apoyar mi segundo idioma -ese que no uso tan seguido. Incluso cuando me queje de estas cosas, sigan adelante, síganlo intentando. Cuando sea grande y sea bilingüe realmente agradeceré que hayan dado lo mejor de ustedes. Si se rinden, creo que todos nos lamentaremos.

Papás, gracias por escuchar. Me alegra que ahora estemos juntos. Sé que no todo será tan divertido como chuparse el dedo pero me emociona el futuro. Y lo más importante, recordemos amarnos entre nosotros, día y noche, como si no hubiera un mañana.

Con cariño, 

Su bebé recién nacido.

Pdta: quiero un perrito con orejas caídas.

Versión original en inglés por Adam Beck (http://bilingualmonkeys.com/i-want-to-be-bilingual/).

Mi amiga Sarah y su familia

Hoy escribo aquí (mi archivo de word) porque quiero cumplir mi palabra de hacer mis escritos en español de forma natural y espontánea y no como una vil copia traducida de la versión en inglés. Me refiero a los escritos de mi blog sobre la aventura de educar a Salomé bilingüe. Allá escribo en inglés y en español y por lo general el contenido varía en cada idioma, es decir, no es el mismo salvo el post de introducción. Pero me he dado cuenta que cuando escribo en inglés y luego simplemente me limito a traducir al español, (estilo copy+ paste y traduzca) el proceso automatizado le resta “vida” al texto y hace que a veces suene raro pues hay ideas y expresiones propias de un idioma que no funcionan en el otro. Así las cosas, por tal motivo, mientras escribo esto tengo el navegador de internet cerrado, para no caer en la tentación de mirar el escrito original en inglés.

Sin más preámbulo, doy inicio al tema de hoy. Quiero escribir y compartir sobre mi vecina y amiga Sarah. Ella es una señora (yo también lo soy jajajaja esa es la cruda realidad) de Estados Unidos mamá de 4 hijos -3 niñas de 5, 11 y 14 años y un chico de 8-. Desde septiembre del año pasado ella, su esposo y sus hijos están viviendo acá en Colombia, más exactamente en Bogotá, en un conjunto súper cercano a donde vive mi madre y donde yo crecí y viví hasta que me casé. Nos conocimos por pura casualidad o, como un par de veces le he escuchado decir a una amiga, por una “Dioscidencia” ya que pues desde ese día que nos conocimos se empezó a formar una amistad súper bonita y muy fructífera. Todo sucedió gracias a que un buen día, cuando Salomé apenas tenía un mesesito y unos días de nacía, me dio por salir a hacer una vuelta en la bici de rapidez con Tobby y cuando iba saliendo me alcancé a dar cuenta que una señora y sus hijos se fijaron en Tobby por lo bonito que se ve cuando va conmigo en la canasta de la bici. Entonces me acerqué para que lo consintieran, me di cuenta que estaban hablando en inglés, le dije “Tobby say hi” y Sarah exclamó “¡oh, he is bilingual!” y yo respondí “well I am”. Así inició nuestra amistad, cruzamos teléfonos y desde entonces hemos estado compartiendo. Es muy bonito y curioso porque así como gracias a Tobby me volví ciclista urbana y gracias a la bici conocí a Miguel, de la misma forma gracias al gordo y mi muy querida bici (que ps ya hoy en día los que me conocen saben que tiene un gran significado en mi vida) conocí a Sarah y a su familia.

Ese día que la conocí nuestra interacción fue relativamente breve y ps luego de eso yo seguí pedaleando súper emocionada de haberla conocido. Lo que pasa es que para el tema de educar a Salomé bilingüe, es decir que maneje al mismo tiempo español en inglés, que ambos idiomas sean para ella sus lenguas maternas, una cosa clave, entre las cosas que he ido leyendo es que ella realmente sienta la necesidad de comunicarse en el idioma minoritario (mL), en este caso inglés. Por eso es súper importante el apoyo de la comunidad. Maravilloso si tuviera por ejemplo la opción de ir a un colegio en inglés y… ese es un punto digamos medio paradójico porque sin importar qué tan bilingüe pueda llegar a ser el futuro jardín o colegio de mi hija, la realidad es que obviamente hablará en español con sus compañeros/amigos y profesores, es lo más natural, es el idioma mayoritario (ML) entonces pues… si bien el colegio bilingüe será un gran apoyo, la verdad es un recurso que se queda corto pues no tendrá la necesidad real de comunicarse en inglés.

Otra opción maravillosa es, por ejemplo, las “citas de juego” (playdates) en inglés. Es decir, con niños de habla inglesa, poniéndonos de acuerdo con sus padres, que Salomé se encuentre con ellos y comparta en el mL. Pero… en teoría encontrar un espacio de ese estilo acá en nuestro país NO es tan fácil. Es decir, niños colombianos que estén siendo educados de forma bilingüe como yo pretendo educar a mi hija, realmente muy pocos y, contacto con padres extranjeros que vivan aquí y tengan niños bilingües pues… de que los hay los hay pero acceder a ellos es relativamente difícil. De todas formas, este pechito que tiene una gran destreza a la hora de buscar cosas (información) sea por internet o por los medios tradicionales, logró -a pesar de las dificultades de los criterios de búsqueda que inicialmente arrojaban resultados tipo colegios biligües o cursos de inglés- encontrar un espacio como el que tenía en mente: resulta que aquí en Bogotá hay un club que se llama American Women Club Bogota (Club de Mujeres Americanas Bogotá), di con ellas gracias a un post de Facebook y ps resulta que dentro del club hay grupos de diversos temas tipo grupo de lectura, de cocina, de padres, etc., y justamente el de padres tiene como un playdate mensual o algo así. Cuando los descubrí, a pocas semanas antes de dar a luz, yo era la más feliz de la vida. Pagué mi membresía y toda la cosa pero luego la ilusión se desvaneció porque unos días después de haber tenido una reunión con la presidenta y la vicepresidenta del club decidieron “echarme” o más bien no aceptarme porque  no soy extranjera ni tengo vínculo alguno con Estados Unidos y pues esto hace parte de sus reglas… entonces pues… paila me devolvieron la plata y no me pude vincular.

Fue bastante decepcionante pero no me quedó de otra más que aceptarlo; por eso me emocioné tanto el día que conocí a Sarah. Las dos estamos muy agradecidas de habernos encontrado y ser amigas y es que si bien para mí Sarah y su familia son el apoyo perfecto que necesito para crear en Salomé la necesidad de comunicarse en inglés, más allá de eso está el compartir recíprico, el estar dispuestas a colaborarnos mutuamente, el ser amables una con la otra (bueno, tal vez Sarah mucho más que yo)… todas estas cosas hacen que de verdad esta sea una amistad muy valiosa.

La primera vez que compartimos, después del día que nos conocimos, Sarah vino a mi casa y tomamos café. A la siguiente yo fui a la casa de ella y como ella es una dura horneando me enseñó -o al menos me guió en el proceso de- cómo hacer rollos de canela. Un par de días después de eso ella tuvo un detalle genial, resulta que como el día que horneamos le comenté que mi mamá en unos días cumplía años, justo ese día ella vino con una bandeja de galletas como si fuera de parte de mi hija para su abuelita. Ese día Sarah vino con Bella, su hija de 11 años.

Mi mamá quedó matada con este detalle

Otro detalle de Sarah que inicialmente me dejó medio apenada porque llevábamos muy poquito de conocernos fue que me mostró en su celular fotos de varias prendas de ropa que su mamá, en Estados Unidos, compró para Salomé y que ella nos traería cuando viajaran a visitarla de vacaciones. Ese fue un acto muy generoso de su parte, igual es verdad que allá la ropa que pasa de temporada, más aún la de bebé, es muy económica pero de todas formas qué pena… lo bueno fue que pasaron un par de meses entre esas fotos que me mostró y el viaje de ella y su familia a EE.UU., luego en ese tiempo seguimos alimentando nuestra amistad y pues ahora que ya regresaron, la semana pasada que nos vimos, fue mucho más fácil aceptar con un gran sentimiento de gratitud esos detalles para nuestra hija.

Hace ocho días Sarah nos invitó a comer a su casa. Estuvimos sentados a la mesa Miguel, mi abuelita, Sarah, su esposo David, sus hijos Emma (13), Bella (11), JJ (8), Holly (5) y yo, Salomé estuvo or ratos entre nuestros brazos y el coche. Fue un compartir muy agradable, ahí fue que nos entregaron los regalitos para Salomé; pero, aparte de todo, Sarah fue tan querida que, como hizo comida suficiente y sobró, le empacó a Miguel almuerzo. El jueves fui a devolverle las cocas en las que le había empacado y… no sé, ese día fue supremamente sencillo y espontáneo pero lo amé. Fuimos solitas, Salomé y yo. Pero ver lo tierna que es Holly con Salomé y cómo la quiere y es tan dulce con mi hijita me mata. De hecho ese día le tenía una pulserita que ella misma hizo. ¡Qué hermoso y tierno detalle! De verdad quiero conservarla y cuidarla mucho como un detalle especial. Por la misma razón creo que mejor por ahora no se la pongo pues ese día, ya más entrada la tarde, acá en la casa me di cuenta que aunque en teoría la pulsera no le queda grande, digamos NO le queda volando, sí llega el punto en que se le sube a la manito y se le cae y pues… no quiero que se le pierda, entonces mejor esperar un poquito a que le crezca más la manito (bueno, todo el cuerpito, jaja). También después de eso, mientras yo charlaba con Sarah, al mismo tiempo resultamos en un pequeño juego con Holly y JJ: ellos iban a su cuarto y regresaban una y varias veces (muchas) y regresaban con unos jugueticos en miniatura (no logro retener cuál es la palabra que tienen para eso) que son como réplicas de diferentes cosas de comer y también objetos, entonces cada uno traía de a uno en la mano y nos ponían a adivinar qué era. De verdad me gustó mucho ese ratico con ellos, fue bonito ver que Holly ya tiene algo de confianza conmigo, que quiere mucho a mi hija y al mismo tiempo, romper un poquito el hielo con JJ.

Fotico de hoy… Holly y Salomé. Me muero!!!! ❤

Sarah me propuso que nos reuniéramos todos los lunes por las tardes para pasar tiempo juntas y me parece genial. Hay diferentes maneras en las que nos podemos colaborar mutuamente… digamos ella puede necesitar de mí por temas de idioma y cultura y además ella sabe que aunque yo no sé mucho de cocina si tengo una gran disposición y deseo de aprender, entonces ps por ese lado también podemos hacer distintos planes. Es bonito saber que tenemos mucho que compartir, que el interés es mutuo y el tiempo en cierta manera “infinito” en la medida en que sigamos siendo vecinas, amigas y ellos sigan viviendo aquí tendremos tiempo para seguir compartiendo, poco a poco con calma y sin afanes.

Hay una cosa más que creo que nos vincula y es la fe o más exactamente el creer en Dios. Tengo un poquito de “miedo” de abordar este tema porque quizá a veces en mi muy amada religión Católica hay personas con cierta prevención hacia las personas protestantes y como que prefieren evitarlos o simplemente están predispuestos o tienen cierto temor al hecho de que el protestante/evangélico en cuestión pretenda convertirlo a su fe. Hay una persona medianamente cercana que por ahí me manifestó este tipo de prevención casi como augurio de “ten por seguro que te va a pasar” (“te van a querer convertir”) y aunque en el fondo me molestó supe manejarlo, igual temo que su modo de pensar eventualmente pueda coincidir con el de algunos familiares (ojalá me equivoque). Yo NO tengo ningún rollo con ellos salvo una pequeña objeción: cristianos somos todos, católicos y evangélicos, que la Iglesia se haya divido y haya resultado en dos o más vertientes del Cristianismo no quiere decir que sólo sean unos u otros los que tengan el “derecho” de llamarse cristianos. Lastimosamente, nosotros mismos, los católicos, al menos aquí en Colombia, caemos en el error de referirnos a los evangélicos como cristianos, es decir yo estoy aquí escribiendo esta mini carreta teórica y aún así, si hablo de Sarah y por alguna razón tengo que referirme a la religión que profesa lo habitual es decir que ella y su familia son cristianos.

Cerrado ese paréntesis pues… yo no tengo ningún choque ni predisposición hacia esa otra vertiente del cristianismo que no es la fe que yo profeso. Pienso que tienen cosas valiosas interesantes como el hecho, por ejemplo, de tener bastante presente la Biblia, creo que al católico promedio digamos no tan practicante se le olvida que ese libro existe o quizá, de pronto si es una persona consagrada a su fe, de ir a misa todos los domingos, solo escucha La Palabra cada domingo pero no tiene el hábito real de hacer de la Biblia un libro de consulta frecuente, así como una iniciativa de yo con yo, o mi familia y yo en la casa, de vamos a leer o estudiar la Biblia, creo que eso muy pocas veces pasa o en muy pocos casos. Mis pretensiones hacia este libro Sagrado son básicamente dos: 1) desde el año pasado había dejado en la mira la Biblia bilingüe pensando en mi deseo de educar a mis futuros hijos bilingües y pues ya ahora con Salo en mis brazos me compré dicha Biblia este año en la feria del libro y 2) como por ahí mandé traer un libro que es como una especie de “Biblia” para bebés –narra algunas historias de manera my breve con grandes ilustraciones y su respectiva  referencia bíblica- mi idea es aproximarme a esas historias con esta Biblia que compré, quiero decir son historias que posiblemente conozca o recuerde a medias, entonces es mi tarea leerlas bien para poder más adelante hacer de ellas otra opción de historias para contarle a mi hija al dormir. En ese sentido pues… la propuesta de Sarah de también usar estos espacios de encuentro los lunes para estudiar la Biblia realmente NO me choca para nada. En teoría hoy lo hicimos pero realmente no fue tan “estudio”. Más bien solo fue ella tratando de leer como los primeros 10 o 15 versos del primer capítulo de Juan en español y yo asegurándome que los leyera bien y/o sacándola de cualquier duda que pudiera tener. Por ejemplo le expliqué cómo era el tema de la h (muda) en español y el de la g y el de la j. Para ella esta pequeña ayuda de mi parte fue algo muy esclarecedor. Fue chistoso porque ella se refirió al sonido de la j (en español) o h (en inglés) como… bueno, el sonido de jadeo de un perrito jajajaja… Sarah por otro lado tiene curiosidad de entender como es la fe aquí en Colombia, de hecho esa fue una de las primeras cosas que hablamos por whatsapp antes de que ella viniera a tomar café, y pues yo le hablé a groso modo de la religión Católica, de cómo son los ritos (tipo matrimonio y estas cosas, era lo que más le interesaba) y aparte de todo tuvo un detalle muy bonito que fue asistir a la misa por los 6 meses de mi papá. Narro esto simplemente para decir que por encima de todo está el hecho de creer en Dios y que eso es algo que nos une mientras que implícitamente ambas valoramos y respetamos la fe que la otra profesa. De cualquier manera tener a Dios como centro y como algo más en común también me encanta.

Esta es mi amiga Sarah y su familia. Infinitas gracias, Señor, por permitir que nuestros caminos se cruzaran y que surgiera esta bonita amistad.

(Por cierto, un detalle que tuve yo con Sara fue obsequiarle un reloj de pulso con esta foto de su familia. ¡Le encantó!)

La fuerza de mi padre: herencia resignificada

Mi papá en su modo de ser y pensar fue una persona bien particular. En esencia y para resumirlo, era demasiado racional y le costaba mostrar sus emociones, siempre se hacía el fuerte, el que nada le afectaba, aparentaba tener una coraza impenetrable… una que poco a poco se fue desvaneciendo a medida que avanzaba su vejez y su enfermedad: el viejito cariñoso y vulnerable al final se dejó ver y fue muy lindo.

Justamente así, en ese modo de ser vulnerable, bastante afectado por la pérdida de su hermana, mi tía Teresa, un día nos dijo a mi esposo y a mí: “no me lo digan, son sus planes, pero yo quiero nieto”. El momento fue muy especial y emotivo, mi esposo se conmovió, yo, de cierta manera también aunque más que nada quedé impactada porque no podía creer lo que nos acababa de decir, -teniendo en cuenta su forma de ser-, fue como… wow!!! Miguel lo abrazó, yo también e inmediatamente mi papá se quebró. Jamás entenderé cómo luego de habernos hecho esta hermosa petición y de recibirlo con tanto afecto terminó hablándonos de mi tía y de las cosas que pensaba frente a su muerte, -fue un cambio abrupto de tema- pero bueno, era algo que tenía ahí atragantado y no había podido expresar, por eso sus palabras vinieron acompañadas por algunas lágrimas.

Aparte de todo fue genial que sus palabras realmente coincidían con nuestros planes, ya habíamos hablado que nos íbamos a poner en la tarea de buscar tener bebé = dejar de planificar; mi añoranza, más que la de mi esposo, era bastante grande y no quería seguirla supeditando al tema laboral -el conseguir primero un empleo porque sino luego, embarazada o con hijos, sería más difícil-. Entonces pues… mi padre nos dijo esto en marzo y más o menos en mayo cuajó la cosa, arrancando junio confirmé que estaba embarazada.

Hoy en día, ahora que ya tengo a mi hijita frente a mí, la conexión con la fuerza de mi papito se da de varias maneras. Lo que pasa es que varias veces en mi infancia me estrellé con su dureza, con esa “fortaleza”. Fue difícil y de cierta manera imposible, encontrar algún tipo de consuelo en él, alcanzo a recordar que algunas veces, cuando los celulares todavía no existían y yo sentía que mi mamá se tomaba una eternidad en su camino de regreso del trabajo, me angustiaba, pensaba que de pronto le había pasado algo malo y él realmente poco o nada hizo para tranquilizarme, creo que simplemente le restaba importancia a mi angustia, obvio era “boba” e injustificada pero mi noción del tiempo en esa niñez temprana era bastante imprecisa. En otra ocasión quise compartirles abiertamente a mis papás (a los dos, a él y a mi mamá, nos sentamos los tres en el comedor) una situación difícil que vivía en el colegio y él decidió entrar con su lado racional a entender el problema y ver yo en qué estaba fallando o por qué se me estaba presentando esa dificultad, no lo culpo pero hubiera sido más lindo, sano y saludable que me hubiera mostrado su lado amoroso en ese momento, que me hubiera apoyado en lugar de hacerme sentir responsable, todavía estaba pequeña.

Pero yo, en el fondo, soy como él en varios aspectos, tengo heredados varios rasgos de su personalidad. Para empezar soy o era tan racional como él, nada más que en terapia (psicólogía) logré balancear y equilibrar mi lado racional con mi lado emocional, realmente amo y de cierta manera me enorgullezco con el equilibrio que en cierta medida he alcanzado, siento que mi conciencia, felizmente complementada por corazón y cerebro, es demasiado amplia, pero pues ese es el tipo de cosas que uno guarda por dentro en silencio, que simplemente sonríe al verlas pero no vive alardeando de ellas. Y su fuerza o fortaleza… bueno, hoy siento que es el mejor de los regalos porque también con mi experiencia de vida es algo que puedo resignificar y encausar de una manera saludable y lo mejor de todo es que NO son cosas que pienso o decido sino que más bien luego puedo verlas y valorarlas en retrospectiva.

Ser fuerte NO es mostrar o fingir que nada me afecta, ser fuerte es algo que a veces simplemente se da y viene bien. Ser fuerte es por ejemplo, salir de la clínica al día siguiente de haber dado a luz y prácticamente estar como si nada, obvio sí me cuidé, pero digamos que en general no quedé tan resentida y poco a poco fui recuperando mi vida normal o por lo menos salí de ese estado de convalecencia. Mi intención no era fingir que estaba divinamente pero mi recuperación post parto de cierta manera fue asombrosa… lo digo especialmente porque recuerdo a mi abuelita y/o a mi mamá comentándolo a veces por teléfono con otras personas, familiares que querían saber yo como estaba. Para ellas yo estaba como si nada hubiera pasado, como si no me hubieran rajado para poder traer a mi hijita al mundo.

Ser fuerte también es, y esta es la parte que más me encanta, mantenerme tranquila y calmada para transmitirle esa tranquilidad a mi hija. Esto fue algo que viví cuando la llevé a que le colocaran las vacunas de los 2 meses. Días antes pensaba en que muy seguramente ella lloraría y a mí se me arrugaría el corazón, obvio, en serio, pobrecita mi chinita. Pero NO fue así. Ella sí lloró pero yo simplemente permanecí lo más cerquita de ella que pude y estuve tranquila, su llanto fue pasajero, en serio NO duró nada, pues… aparecía un llanto “nuevo” con cada chuzón pero rápidamente se iba, (la que realmente sufrió con ella porque también estuvo ahí con nosotras fue mi abuelita). Salimos de las vacunas y mi hija estaba tranquila, inclusive me la llevé luego a la biblioteca de Compensar tratando de encontrar allí, en el escenario colorido de la ludoteca la foto perfecta para conmemorar sus 2 meses de vida. La maluquera REAL post-vacunas a mi hijita le vino por la tardecita-noche, luego de una siesta, ahí sí rompió en llanto y fue una cosa desgarradora y ligeramente angustiante, pero haberla ayudado a vivir sin mayores traumatismos el momento de la chuzada para mi es como un pequeño logro que pues no me lo propuse de forma premeditada pero se dio y también siento que le debo eso a mi padre y su fortaleza.

Por último, ser fuerte es… mi hija, en sí misma, ella como ejemplo de fortaleza. Mi niña hermosa, qué pecaito, la pescó la gripa en Semana Santa, se me maluquió desde el sábado más o menos… viene ahí con una tosesita y a ratos congestión nasal… está así como cuando uno la maluquera solo lo deja con ganas de dormir pero en general NO le ha arrancado ningún llanto -bueno, más bien los ojitos se le han aguado varias veces producto del mismo malestar- y en cambio sí continúa regalando sonrisas y a veces balbuceando cuando le hablamos. Está viviendo esta leve enfermedad con mucha tranquilidad y entereza y yo sigo sintiendo y jurando, con absoluto convencimiento, que sin duda esa es también la fuerza de su abuelito, su herencia…

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¿De qué se trata este blog?

Soy una mamá primeriza -novata-, colombiana. Me hice bilingüe a través de la vida y gracias a mi mamá, que desde muy temprana edad me transmitió el amor por el inglés.

Hace un par de años resulté viendo una charla de TED que me contagió de la idea de criar a nuestros futuros hijos bilingües (soy casada), me puse a investigar sobre el tema en Google y di con el libro Raising a bilingual child de Barbara Zurer Pearson -también está disponible en español, ese lo leyó mi esposo-. Yo ya algo había escuchado sobre el método OPOL = One Parent, One Language = Un idioma por cada padre/madre, pero quería saber más sobre el tema… internet a veces es tan solo la superficie del conocimiento y los libros todavía son una gran fuente de sabiduría, así que lo mandé traer de Amazon por Buscalibre.

Me lo terminé de leer a finales de marzo, pero en junio, cuando quedé embarazada, quise volverlo a leer para ponerle más cuidado y tomar apuntes. Las razones para ser o volverse bilingües son diferentes, pero generalmente tienen que ver con: 1) una cuestión de cultura / herencia = los padres son hablantes nativos de dos idiomas diferentes 2) oportunidades de trabajo y educación – si la persona decide ser bilingüe, aprenderá el segundo idioma, filtrándolo a través del primero, sería un propósito utilitario. 3) La familia vive en un país donde el idioma mayoritario es diferente al que ellos hablan, y así, toda la familia, al vincularse y entrar a hacer parte de la comunidad, poco a poco va aprendiendo el nuevo idioma. Sin embargo, hay una cuarta razón, es mi caso y al mismo tiempo coincide con uno de los ejemplos mencionados en el libro de Barbara:

Algunas personas -como el autor George Saunders- que han tenido placeres intensos y realización intelectual asociados a su segundo idioma quieren proveer esa experiencia a sus hijos. Tales individuos tendrán un sentimiento especial al usar el idioma que han adoptado.

Y sí, esta soy yo. No es cosa de tener mejores oportunidades de vida gracias al bilingüismo sino de captar el mundo con dos perspectivas al mismo tiempo y poder acceder y disfrutar del contenido que no está disponible en tu idioma nativo. El mundo es mucho más amplio cuando eres bilingüe y darme cuenta de que mis hijos pueden aprender ambos idiomas -español e inglés- al mismo tiempo, en lugar de filtrar uno a través del otro, -inglés como segunda lengua-, para mí fue un gran descubrimiento que realmente me iluminó y me emocionó mucho.

Puede que la tarea/proyecto no sea fácil ya que las personas de mi amado país, Colombia, incluyéndome, somos hablantes nativos de español, ese es el idioma en el que hablo con mi familia y amigos … algunos podremos ser bilingües, con dominio completo del inglés, pero es como bobo y no tiene sentido hablar en inglés cuando nuestro primer idioma es el español. Sin embargo, Adam Beck, autor del blog Bilingual Monkeys, del foro Bilingual Zoo y de este libro que estoy empezando a leer, es un ejemplo de éxito al criar a sus hijos bilingües en un país -Japón-, donde el inglés es el idioma minoritario, por supuesto, habrá obstáculos que superar a lo largo del camino, también él escribe sobre eso, pero pues, si el pudo hacerlo, ¿por qué no habría de lograrlo yo?

Este blog es principalmente para compartir mi experiencia sobre la crianza bilingüe de mi hija (2 meses) y también para contar historias / anécdotas relacionadas con el tema… o no necesariamente, también puede haber historias sobre la maternidad, al menos tengo una en mente por ahora relacionada con mi papá (Q.e.p.d), pero la contaré luego.